Cadenas
En la oscuridad, las tinieblas se apoderaron; para librar, para amar y para sentir.
Las gotas de lluvia repiqueteaban contra el ventanal en el que reposaba mi frente, mi respiración plasmada en una nube sobre el cristal. Lograba ver cómo los árboles se movían entre sí, como si lucharan entre ellos, buscando demostrar quién era el mejor, el más fuerte, mientras la vigorosa ventisca los hacía débiles. El sol se había ocultado entre las nubes, asustadizo, dejando que el cielo grisáceo viajase por la lejanía de éste mismo.
Tan gris y lúcido como los ojos de aquel reflejo.
El recuerdo pronto vino a mi mente, la sensación como un suceso lejano de algo desconocido invadiendo cada punto del cuerpo. Sí. La destreza y delicadeza con la que me tocó... aquella peculiar forma de seducir solo con miradas, caricias y sus labios...
Ese beso.
Aunque sabía que solo había sido una manera de salvarme, la sensación de su aliento fresco colisionando con el mío, contaba como perdición... de la que no había podido despejarme todo el fin de semana. Era difícil de olvidar, en realidad.
Y... Quería vivir. Jodidamente lo quería.
De repente todos mis pensamientos, intenciones e ideas, habían empezado a rodar sobre el mismo tema: vivir. No pude evitarlo, mucho menos cuando él parecía estar repitiéndomelo con sus preguntas y su forma de mirarme, exigiéndome que me atreviera.
Él, extrañamente, lo había hecho.
Recordaba sus palabras y eso me desestabilizaba, cosa que nunca antes me había sucedido. Y la imagen... la sensación vibrante de sus labios rojizos... De algún modo supe la importancia que él tenía en mi vida en cuanto la gota plateada pareció abrazarme con su propio calor. Era una señal. Una jodida señal que aún no descifraba.
Si bien una vez había intentado escapar a los catorce años y terminé colgada—las gemas combinadas con tinieblas, cayendo sobre mi cuerpo desnudo en una versión mejorada de la tortura china, según Cid; todo mi interior sufrió las consecuencias después, dejándome casi inmóvil y débil para seguir con mi trabajo—, nunca había olvidado la idea de huir.
Tenía diecinueve años y permanecía encadenada a Cid, sabiendo que cualquier error en ese intento, podía cobrarme la vida. Un error. Un descuido. Que me atraparan. Que me encontraran después... iba a perderme a mí misma antes de llegar a la mansión de nuevo.
No quería, no quería estar de ese modo, tener que curar mis propias heridas como tantas veces ya lo había hecho, no porque no lo soportara o siquiera sintiera, sino porque me hacía olvidar una parte de mí, me quitaba toda esperanza que había resguardado.
Moría de una u otra forma.
Pero sin sentir...
—Esa parece una sonrisa, roza...—irrumpió el ama de llaves de Cid. Una reflejo inquietante, atroz, que simplemente no podía dar una sonrisa o hacer un favor sin recibir algo a cambio. Su voz era como una ronca tos repetitiva—, y tú nunca sonríes.
No provocaba nada en mí, sin embargo, con sus comentarios y miradas capté que buscaba sacarme información, cosa que jamás le hubiese proporcionado. A la reflejo no le interesaba si alguien salía lastimado en el proceso, con tal de quedar bien y recibir una buena cantidad de dinero, hubiera hecho lo necesario para servir a Cid.
—No lo hago—susurré, mientras me alejé de la ventana para acurrucarme en mi cama.
La mañana poco a poco empezaba a estrujarse en el cielo, acechando, y ya que la reflejo había entrado a mi habitación, no iba mostrar ni un solo ápice e interés en seguir hablando con ella o en admirar el jardín desde mi ventana bloqueada.
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REFLEX [✔#2]
ÜbernatürlichesSEGUNDO LIBRO DE LA SAGA #2 Seguramente ya te han consumido, pero ahora... ahora te harán sentir. #2 Suspense 20/01/21 Protegida por Derechos de Autor Co, 2020. © No copiar, no adaptar ni tomar nada de la historia.
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