Italia.
Rachel.
Me pregunto a quién maté como para tener una jodida vida tan desdichada.
¿Qué puta pena estoy pagando? ¿El karma es tan rencoroso como para cobrar una infidelidad con un precio tan alto?
Aprieto los dientes moviéndome en la silla, es mi milésimo intento por desatarme. Antoni Mascherano desapareció cuando abordamos la avioneta, me jodieron el chip de rastreo y no sé a donde diablos me llevan.
El avión desciende, aterriza e inmediatamente abren la puerta de la cabina donde me tienen. Es Isabel.
—¿Qué tal el viaje principessa? —pregunta mientras se acerca—Pido disculpas por las turbulencias causadas en el vuelo.
Alejandro la sigue y procede a desatarme de la silla. La mujer de pelo corto no deja de comerme con los ojos mientras se limpia las uñas con el cuchillo balístico que carga.
—Qué cara más hermosa que tienes —remarca su acento italiano— Será una lástima marcarla.
Acorta el espacio cuando me ponen de pie dejando que el filo helado me toque la garganta, presiona y alzo la barbilla ofreciéndole mi arteria carótida. Prefiero morir así a que me violen volviéndome un saco de estiércol.
—Supongo que el cuchillo es el coqueteo previo al asesinato.
Suelta a reír echando la cabeza hacia atrás. La punta se mantiene sobre mi piel subiendo despacio, acariciándome las mejillas.
—Cuidado, Isabel —le advierte Alejandro— Acuérdate de las ordenes del rey.
—Solo juego —me mira a los ojos— No te preocupes, sabes que tarde o temprano la mataré, la picaré y la repartiré por toda Italia.
Alejandro me aparta.
—No perdamos tiempo, Brandon nos espera.
Me empujan fuera del avión, huele a mar. No reconozco el sitio, estamos encima de una pendiente y la brisa sopla fuerte alborotándome el cabello. Hay hombres armados por todos lados. Frente a mí, una alta cumbre sostiene un castillo empedrado, el mar nos rodea al igual que el paisaje del mediterráneo.
Me empujan para que camine como la prisionera que ahora soy, no temo a morir, pero sí me aterran las torturas. Un centenar de hombres nos siguen dejándonos en la entradas del castillo. Es como si hubiese viajado a una década diferente.
Las puertas se abren, la vista impresiona tanto adentro como afuera. Hay armaduras de plata colgadas en las paredes, pisos entapetados, lamparas lujosas y escaleras hechas de piedra. El personal de servicio se asoma a observarme como si fuera un juguete nuevo.
—Tráela al consultorio — dice Brandon Mascherano asomándose por la baranda del segundo piso.
Vuelven a empujarme, subimos y me meten a una habitación totalmente diferente a lo que se percibe afuera.
Es un centro médico con camillas, un quirófano acondicionado y equipos de reanimación. Dos personas asean el lugar mientras una mujer organiza y esteriliza el material quirúrgico.
«¿Qué me sacarán, el corazón, los ojos o el hígado?»
Una de las camillas rechina y mis ojos viajan al sitio, a la escena asquerosa que brinda un hijo de puta violando a una chica, está drogada por lo que veo. El pecho se me conmociona; esa mujer debe ser la madre, la hija o la hermana de alguien y estoy segura de que ese alguien no tiene la más mínima idea de lo que le está pasando.
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Lascivia (Disponible en librerías)
RomanceLas vacaciones acabaron y Rachel debe volver a su puesto como teniente en el ejército de la FEMF, encontrándose con que la central de Londres no es lo mismo. Llegó un nuevo coronel, soberbio y con una belleza que no parece humana. Hombre que no tie...
