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Dicen que uno de los momentos más felices de tu vida sin duda es el día de tu boda. Y hoy, justo ahora, puedo comprobarlo.
Mientras nuestros cuerpos se movían al ritmo de la romántica y casi empalagosa canción que sonaba, mientras podía sentir el calor que sus manos me daban, mientras aquella abrumadora sensación no dejaba mi pecho -una que me hacía sentir tan cálida y llena de vida-, casi llegaba hasta mi garganta y lograba que esa emoción se conviertan en lágrimas. Pero no quería llorar, no ahora que sus ojos no dejaban el contacto con los míos, transmitiéndome los mismos sentimientos que yo experimentaba, dejándome saber que no era la única con un mar de emociones en su interior.
Y eso hace que me sienta muchísimo mejor, porque significa que él me ama tanto como yo a él.
Pequeñas sonrisillas cómplices se nos escapaban de vez en cuando y su mano derecha apretaba con más fuerza mi cintura, haciendo que sonría más.
El vals parecía eterno, para nosotros, por estar en nuestro mundo. Un mundo donde solo existíamos él y yo.
Sin embargo, pronto pude captar el sutil cambio de ritmo, una canción diferente, pero igual de dulce. Nos detuvimos lentamente y ante los últimos balanceos, el cuerpo de mi ahora esposo se unió más al mío y con total dulzura dejó un beso en mi frente. Cuando se separó de mí pude escuchar las exclamaciones y suspiros de los invitados, junto con unos murmullos que comentaban sobre lo buena pareja que éramos, también pude ver a mi padre al frente de mí, Seokmin le ofreció mi mano y este la agarró con delicadeza. Ambos nos sonreímos y así iniciamos a bailar.
─No creí que este día llegaría ─susurró con una sonrisa.
Dimos una pequeña vuelta y sonreí al ver a Seokmin bailando con su madre, al notar mi mirada guiñó un ojo de forma coqueta.
─Si te soy sincera, yo tampoco lo creí.
Ambos reímos y este negó con la cabeza.
─Aún recuerdo cuando decías que los niños eran asquerosos, en especial aquel que solo jugaba con tierra en el recreo. Quién diría que ahora estás casada con él.
Y esa era la historia favorita de la familia.
El cómo Lee Seokmin y yo pasamos de ser dos niños de diez años que peleaban, a mejores amigos, después novios y ahora esposos.
Al inicio discutíamos seguido, a mí me gustaban los lápices de colores, pinturas y pegatinas de brillos y él perdía muchas de esas cosas que le prestaba cuando jugaba con su tonta tierra, me hizo llorar en muchas ocasiones, pero cada una de ellas se disculpaba mil veces. Yo era pequeña y resentida, así que no lo perdonaba y él se enojaba por eso. Hasta que un día, justo para Navidad, me hizo un regalo sorpresa. Había reunido suficiente dinero como para ir a una papelería y comprarme muchas cosas, obviamente la mayoría de ese dinero en realidad fue sacado del bolsillo de su mamá, pero la intención es lo que cuenta.