Con la muerte de Robert Baratheon, el trono de hierro ha caído en manos de los Lannister. Cersei pone la corona sobre su cruel hijo bastardo iniciando una rebelión conocida como la guerra de los cinco reyes. Guerra en la que Ravenna trata de mantene...
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— Mami, ¿puedes contarme una historia? —cuestionó el pequeño de tres años tomando los extremos de las sábanas y tapándose hasta el pecho.
La rubia sonrió con ternura, tomó asiento junto a la cama inclinándose y buscando una cómoda posición con su hinchado vientre. Observó detalladamente los ojos violetas de su hijo y pasó su mano por los cabellos rubios que debía mantener cortos, porque al crecer las puntas adoptaban un color blanco.
— ¿Qué historia quieres que te cuente está noche? —sonrió acariciando la mejilla del niño de tres años.
— ¡De los Targaryen! —exclamó entusiasmado.
A la mujer se le hizo un hueco en el corazón y la garganta se le cerró impidiendole decir algo, pues las palabras se le habían atorado y su mente no pensaba con claridad.
— Leí en la biblioteca varias cosas de ellos. Aegon el conquistador tenía tres dragones. ¿Qué son los dragones?
— Son bestias enormes que aterraban a los hombres. —susurró torpemente. — Sabes, cariño. Creo que es hora de dormir. Quizás otra noche pueda contarte de la dinastía Targaryen.
Depósito un beso en la frente del rubio y se levantó caminando hacia la puerta de madera.
— ¿Madre? —su tierna voz la hizo girarse de nuevo para mirar el angelical rostro del infante a través de la luz de las velas. — Ojalá hubiese sido un Targaryen.
Tal revelación dejó estupefacta a la mujer que comenzó a sentirse mareada y nerviosa.
— ¿Por qué lo dices? —balbuceó apretando con fuerza la puerta.
— Porque los admiro mucho. —respondió suspirando. — Es una lástima que se hayan extinguido.
— Duerme Athos y deja de hablar de los Targaryen. —ordenó con la voz ronca intentando contener las lágrimas. — Eran malos.
— Está bien, madre. —giró en el colchón dándole la espalda a su progenitora.
Ravenna suspiró abriendo la puerta y al cerrarla se recargó en ella tomando fuerzas para llegar a su habitación.
Por otro lado, Athos después de escuchar los pasos de su madre alejándose, saltó de la cama y corrió entreabriendo la puerta, asomándose. Colocó una tabla de madera sobre ella y corrió de nuevo hasta su cama inclinándose y sacando un enorme libro que dejó caer sobre el colchón. Cada noche era lo mismo, se desvelaba leyendo libros de las grandes hazañas de la familia Targaryen añorando lleno de fantasía que la dinastía volviera a resurgir y a tomar el trono que les pertenecía. Muy de madrugada caía dormido sobre las páginas de los libros mientras soñaba con dragones quemando a Desembarco del Rey hasta los cimientos.
Cualquiera que pudiera verlo afirmaria que era igual a su padre, un bohemio enamorado de la lectura que se convertiría en una leyenda.