Con la muerte de Robert Baratheon, el trono de hierro ha caído en manos de los Lannister. Cersei pone la corona sobre su cruel hijo bastardo iniciando una rebelión conocida como la guerra de los cinco reyes. Guerra en la que Ravenna trata de mantene...
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▬▬▬▬SIX: ❝HACHA DE HIERRO❞
LA LEONA MANTENÍA SUSOJOS FIJOS en Renly, quien se había ofrecido de buena manera en ayudar a su sobrino a perfeccionar su manera de blandir la espada. Ella estaba desconcertada sabiendo que el venado no tenía conocimiento en el arte de la guerra.
Conocía a Renly, sabía de sus gustos y preferencias, ella no era quien para juzgarlo, pues lo había criado con el mismo cariño que compartió a sus hermanos e hijos, pero si algo tenía muy presente era que nadie respetaba los parentescos de sangre, y peor aún sabiendo que Athos no tenía nada que ver con la familia Baratheon.
— Pareces preocupada, ¿qué te desconcierta? —cuestionó Ayrmidon acercándose al barandal.
— No tenía idea de que Renly fuera bueno con la espada, según lo que he escuchado de su propia boca es que no nació con el don de blandir un arma, así que dime, ¿cómo piensa enseñarle a Athos algo que no sabe? ¿O es qué a caso se volvió un experto de la noche a la mañana?
Ayrmidon arrugo el entrecejo mirando fijamente a la rubia sabiendo las intenciones con las que decía aquellas palabras.
— ¿Crees qué Renly...
— Solo digo que Athos ya no es un niño. —lo interrumpió—. Y tampoco hay lazos de sangre entre él y vuestro hermano. Conozco a Renly, lo quiero mucho, pero no me gustaría saber que hay otras intenciones detrás de su buena obra.
— ¿Y qué más da? Vuestros hermanos fornican todos los días y a ellos no los reprendes ni acusas. —vociferó molesto.
Ravenna giró su rostro violentamente enojada por las palabras del venado. Nunca había tolerado que la compararan con su caótica familia.
— Hace mucho que no hablo con mis hermanos. Creo que quince años para ser exacta. Sí, quince, los mismos que he pasado en este torreón.
— Y los mismos que tiene Athos. —suavizó su tono de voz—. Renly creció con él, lo trató como a un hermano, es imposible lo quieres dar a entender, pero hablaré con él para que estés más tranquila.
Ayrmidon depósito un beso en la frente de su esposa dejándola con las palabras en la boca, y bajó los escalones para reunirse con su hermano e hijos.
— No deberían confiar en él. Jamás ha usado una espada. —murmuró el señor del Bastión de Tormentas acercándose a los jóvenes a pasos pausados.
Renly rodó los ojos con fastidio por las palabras de su hermano. Ciertas veces los envidiaba. A todos sus hermanos mayores, grandes guerreros con títulos y hombres honorables; seguidores que daban su vida por ellos.
— El hacha de media noche. Buen título para un hombre que nació al amanecer. —se burló Renly como venganza.
— Es hacha de hierro. —corrigió sabiendo que su hermano sólo lo había hecho para molestar—. Ese título me lo gané por haber matado algunos salvajes que cruzaron el muro. —relató mostrando el objeto filoso—. La enterré justo en su cabeza. —señaló mostrando como lo había hecho—. Ahora ustedes dos, desenfunden su espada.
Sus hijos sonrieron viéndose entre si y sacando sus espadas. Ayrmidon los miró con burla por la posición que Arthur había adaptado y rió a carcajadas.
— Algo así. —murmuró acomodando la espada de su hijo—. Las piernas separadas. —señaló los pies del adolescente y luego señaló los suyos como ejemplo—. Los ojos en tu contrincante. Jamás lo pierdas de vista.
— Jamás entenderán, son unos estúpidos.
Los cinco hombres, incluyendo a Bronson, alzaron la vista encontrando el pequeño cuerpo colgado en una de las ramas del árbol, el cabello negro ondeando y sus piernas balanceándose.
— ¡Eira, baja de ahí! —exigió Arthur preocupándose por la niña.
— No eres quién para darme órdenes, idio...
— ¡Eira! —la detuvo su padre señalandola con su hacha—. Te he dicho que dejéis de decir malas palabras o te quitaré el arco.
Eira rodó los ojos gruñendo y levantándose para saltar a otra rama bajo la atenta mirada de los cinco hombres.
— ¿Cómo puede hacer eso? —cuestionó Renly con fascinación—. ¿Cuántos años tiene? ¿ocho?
— Nueve. —corrigió Athos—. Y fue Bronson quien le enseñó a escalar los árboles y paredes. ¿Dónde aprendiste eso?
— Soy un cuervo. —murmuró alzando los hombros—. Lo aprendí desde muy pequeño. Tenía que hacer favores a mi señora.
— ¿Qué clase de favores? —interrogó Renly interesado en lo que el joven tenía que decir. Sabía que Bronson conocía secretos de Ravenna y él estaba interesado en conocerlos, pero no contaba con la fidelidad del chico hacia la leona.
— Asuntos que podrían acabar con su vida si llega a conocerlos. —respondió sabiamente—. Ahora, ¿van a luchar o me voy?
Ayrmidon rió por el descaro del sirviente de su esposa y se preparó para ver como su hijo luchaba contra el primogénito de la leona.
El maestre se acercó lentamente por su avanzada edad, interrumpiendo la lucha entre hermanos que parecía favorecer a Athos.
— Mi señor, ha llegado un cuervo de Desembarco del rey, es vuestro hermano, el rey Robert. —informó mostrándole el mensaje que sostenía entre sus dedos.
— Gracias, maestre. —sonrió al hombre aceptando el pedazo pergamino y desenvolviéndolo.
Sus ojos se desplazaron con rapidez por las letras, al terminar de leer el mensaje sonrió mirando el papel. Tenía años sin ver a su hermano, como antes lo había dicho Ravenna, quince años sin ver a Robert.
— ¿Sucede algo, padre? —cuestionó Arthur al verlo distante.
— El rey Robert me ha invitado a Desembarco del rey. —informó a los jóvenes—. Nos ha invitado. —se corrigió mirando a su hermano menor.
— La última vez que vi a Robert fue en su boda. Me preguntó mucho por ti. —murmuró Renly—. Deberías acudir al llamado, cada vez es más viejo y ebrio.
— Claro que iré. —levantó el pergamino señalando a sus hijos—. Pero ni una palabra de esto a su madre. Yo mismo se lo diré.
— ¿Le tienes miedo a la leona? —se burló Renly.
— Es más peligrosa de lo que crees. Cuando te cases comprenderás que tu esposa será más difícil de tratar que cualquier batalla.
Ayrmidon trató de cubrir sus nervios y miedo detrás de la sonrisa que mostró a su familia. Presentía algo malo en contra de su hermano mayor. No deseaba marcharse hacia Desembarco del Rey, no quería dejar a sus hijos ni a Ravenna, pero la intriga que se había alojado en su pecho lo obligaba a marcharse.