Con la muerte de Robert Baratheon, el trono de hierro ha caído en manos de los Lannister. Cersei pone la corona sobre su cruel hijo bastardo iniciando una rebelión conocida como la guerra de los cinco reyes. Guerra en la que Ravenna trata de mantene...
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▬▬▬▬FOUR: ❝TORMENTA DE MEDIA NOCHE❞
EL BASTIÓN DE TORMENTASTENÍA una preciosa vista en los amaneceres, pero los atardeceres eran lo mejor. El cielo era un contraste de colores pasteles que acompañaban la caída del sol y a Ayrmidon le encantaba ver como los últimos rayos del día impactaban en la rubia melena de su esposa.
De alguna manera concordaba con Rhaegar por nombrarla "sol de oro". Lo que más envidiaba y odiaba del último dragón era el romanticismo que tenía para embellecer las palabras y darle un sentido, eso había enamorado por completo a Ravenna hasta tal punto de enterrarse en el corazón de la nombrada y echar raíces.
— ¿Por qué debo aprenderme el emblema de todas las casas? —cuestionó Arthur dejando salir un largo suspiro de aburricion.
Sus oscuros ojos mostraban cansancio y pesadez a la par que batía sus pestañas en un intento por no caer dormido sobre la mesa.
— Por que es lo hacen los grandes señores de Poniente, saber quienes los rodean y que tan fuertes pueden ser. —respondió sin apartar la vista del libro—. Vuestro hermano Athos pasó por esto. Es el proceso.
— ¿Podemos saltarnos el proceso? —elevó las comisuras de sus labios en un puchero—. Yo no seré un gran señor de Poniente, seré un guerrero. Mi lugar esta en el campo de batalla.
— Tienes siete años. —mencionó Ravenna alzando la vista para encontrarse con el tierno rostro de su hijo.
Lo que más amaba en el mundo eran sus hijos, sus hermosos hijos con el venado que tenían todas las características Baratheon. Arthur con sólo siete años sabía cazar y manejaba a la perfección la hacha de su padre, mientras que Eira con sus cuatro años practicaba lanzando objetos con una excelente puntería.
— Los comandantes también son inteligentes, realizan estrategias contra sus enemigos y para ello deben conocer su historia y emblema. —indicó soltando el libro y dejándolo de lado—. ¿Qué opinas de la casa Tyrell?
— Es fuerte. —susurró esforzándose por recordar lo que su madre le había leído—. Crecer fuerte.
— Oh si, por su puesto. Una rosa crece fuerte en los jardines. —se burló cruzandose de brazos—. Poseen un gran oro que los coloca en un lugar muy poderoso, y no olvidemos que Oleanna Tyrell es muy inteligente. Ahora dime, ¿qué hay de los Greyjoy?
— ¡Tienen las mejores flotas! —exclamó con entusiasmo.
— Si, tienen las mejores flotas porque son unos embaucadores que toman todo lo que no pueden hacer. Básicamente son salvajes que toman todo a su paso solo porque son fuertes. —centró su mirada en el niño—. Ahora dime, uno de ellos necesita de vuestro apoyo, ¿a quién le extiendes la mano?
— A los Greyjoy. —su repuesta no se hizo esperar mientras sonreía triunfante.
— No. —pronunció borrando la sonrisa de la cara de su hijo—. Supongamos que ofreces el apoyo a los Greyjoy porque son buenos luchando, pero los Tyrell se enfurecen y desembolsan sacos de oro para traer a mercenarios y barcos, ¿quién ha perdido?
— Nosotros. —susurró deslizándose en la silla.
— ¿Ahora comprendes la importancia de conocer todo sobre las casas de Poniente? —alzó una ceja—. El oro es una poderosa arma que muchos han usado, pero ¿crees que Rhaenys Targaryen conocía lo suficiente a los Martell? No. Se confío creyendo que los pacíficos hombres de Dorne doblarian la rodilla al verla volar con su dragón, pero ¿qué dice la casa Martell?
— Nunca doblegado, nunca roto.
— Exacto. Y eso los hizo enfrentarse a Rhaenys derribandola de su dragón y matandola. —contó—. ¿Quieres qué te diga lo que pienso del rey Robert?
El pelinegro sintió enérgicamente motivado por las lecciones que su madre le daba.
— Cree que ganar y gobernar es lo mismo. —mascullo apretando los dientes—. Ganó la guerra, pero, ¿el pueblo se ve beneficiado? Claro que no, no hay prosperidad. Él se ha estancado lleno de furia por los dos niños Targaryen que aún viven cruzando el mar angosto.
— Padre dice que un guerrero es mil veces mejor que un rey.
— Es cierto. —aceptó inclinándose en la mesa para alcanzar las manos de su hijo y tomarla entre la suyas—. ¿Quieres saber quées aún mejor?
Arthur afirmó moviendo la cabeza con bastante entusiasmo.
— Un guerrero inteligente que procura por la vida de los débiles. —respondió—. Siempre debes poner la verdad sobre todas las cosas, aún cuando sabes que algo malo saldrá de eso. No hay mentiras buenas, jamás existirán.
— ¿Alguna vez has dicho una mentira?
Ravenna borró la sonrisa que adornaba su rostro y se perdió en los viejos recuerdos. Había dicho infinidades de mentiras con tal de obtener lo que deseaba o protegerse de los castigos.
— Muchas veces dije mentiras y es algo de lo que no estoy orgullosa. —dijo con un atisbo de tristeza—. No tiene justificación, pero era una jovencita tonta cegada por el amor.
— Hace unos días tomé el hacha de mi padre. —contó con la mirada pegada en sus pies—. Corté unos árboles y maté dos ardillas.
La rubia rompió en carcajadas ante la inocencia de su hijo. Se levantó empujando la silla hacia atrás y rodeó la mesa para envolver el pequeño cuerpo del pelinegro con sus brazos y le besó la frente.
— Mi pequeño venado. —susurró con ternura—. Eres mi favorito, pero no le digas a nadie.
— ¿Lo dices en serio? —se apartó mirando a los ojos verdes de su madre—. Creí que Athos era tu favorito. Es el mayor, rubio y tiene los ojos violetas. ¿Y has visto los mechones blancos que se esconden entre su cabello?
— Sí, ya los he visto. —sonrió tomando entre su dedo índice y pulgar el cabello negro—. Recuerdo cuando naciste. Eras demasiado delgado, las parteras creyeron que no ibas a sobrevivir, fue en una tormenta de media noche. Nada en el mundo me alegró más que verte llorar y moverte inquieto en los brazos.
— ¿Por qué Athos no se parece a nosotros? —cuestionó después del largo silencio—. Él es un Targaryen, ¿verdad?
Ravenna sonrió pasando su mano por la cabeza de su hijo. Siendo un niño era astuto.
— El dragón dorado. —afirmó con simpleza—. Pero nadie debe saberlo. Podría traer problemas difíciles de controlar.