ᴄʜᴀᴘᴛᴇʀ ᴛʜɪʀᴛʏ ᴏɴᴇ

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Desembarco del Rey

     RAVENNA, COMENZÓ A REBUSCAR ENTRE LAS PERTENENCIAS DE SU PADRE AQUEL PERGAMINO DEL QUE VARYS LE HABLÓ

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     RAVENNA, COMENZÓ A REBUSCAR ENTRE LAS PERTENENCIAS DE SU PADRE AQUEL PERGAMINO DEL QUE VARYS LE HABLÓ. Pudo hallar varios mensajes que le enviaron señores de otras casas durante la guerra del usurpador.  Le pareció extraño enterarse que todavía conservara dichos pergaminos, pero continuó vaciando el contenido del escritorio, casi por último halló un rollo de papel con la perfecta caligrafía de Rhaegar.

Intrigada por el contenido de aquel viejo papel amarillento, no tardó en buscar una silla y sentarse a leer el mensaje, desenrolló el pedazo de pergamino con nervios y manos temblorosas.

De la manera más cordial que conozco, le pido que no se preocupe por su hija. Ravenna se encuentra en excelentes condiciones, goza de buena atención y es necesario recalcar que no busco retenerla en contra de su voluntad.
He de confesar que me siento avergonzado por la manera en la que sucedieron las cosas, no debí actuar así, pero espero también comprenda mi desesperación al saber que el amor de mi vida esperaba un hijo mío mientras estaba casada con otro. Para mi fue una desdicha.
El motivo de esta carta es para ofrecer una disculpa y pedirle, implorarle, una pacífica reunión entre Lord Rickard Stark, Robert y Ayrmidon Baratheon, usted, y por supuesto yo.
Si he recurrido a usted es porque conozco la locura de mi padre y sé que estaría indispuesto a una rendición. No está en su forma de ser.
Es necesario para mi que esta reunión se dé antes de que una guerra se desencadene. Le ruego que me ayude en esto para evitar más desgracias de las que mi desagradable comportamiento han causado. Usted se verá recompensado con títulos, su familia será cercana a la corona y su hija nombrada la reina de los siete reinos.

                                Rhaegar Targaryen,                                      legítimo heredero al trono de hierro.

La leona no podía dar razón a lo que leía, sentía confusión e impotencia. Todo lo que había sucedido, las desgracias que cayeron sobre el reino no habían sido del todo culpa de Rhaegar. Él había intentado arreglar las cosas, pero el único villano del juego fue Tywin. ¿Cómo había omitido la carta y mantenerla oculta de los demás? Realmente su ambición por derrocar a los Targaryen y quedarse con el trono fueron mayores que conservar la paz.
Varias lágrimas se acumularon en sus ojos y apretó el papel en su puño, el corazón le latía con rapidez y su labio inferior temblaba. Aquellos viejos recuerdos junto a Rhaegar parecían nunca irse y ahora estaban más presentes que nunca, incluso cuando cerró sus ojos por una fracción de segundo creyó escuchar la ronca risa del príncipe.

Se levantó con furia de la silla y arrojó el papel hacia el fuego, ya no importaba nada de su contenido. Aquello no regresaría a Rhaegar a la vida, ni el trono a los Targaryen. Solo era un pedazo de viejo pergamino con peticiones sin cumplir y sueños rotos.

— ¿Madre? —Athos la miró caminar con rapidez entre los pasillos de la fortaleza roja—. Te hemos buscado por un largo tiempo. La tía Cersei ha partido no hace mucho, se cansó de esperar y dijo que necesitaba un tiempo a solas con el abuelo antes de que los demás señores lo vieran.

La rubia asintió tragando el nudo de su garganta. Iba a marcharse esa misma tarde, sin mirar atrás, sin preocuparse por su familia o los demás. Iba a jugar el juego como era debido y necesitaba romper los lazos que la ataban a la vieja Ravenna.

Pronto se encontró en el Septo, rodeada de santos y altos pilares construidos por orden de Baelon el santo. Allí en dónde se había casado su hermana con el usurpador por obra de su padre.
El cuerpo de Tywin estaba postrado en la camilla, con aquellas piedras en sus ojos. Su ropa había sido confeccionada por orden de Ravenna, quien había organizado todo para dar una sepultura digna. Se arrepentía profundamente.

— Jamás me imaginé de pie frente a él de esta manera. —susurró Ravenna, sus ojos miraban fijamente el cadáver de su padre. Bajó los escalones restantes hasta quedar de pie junto a sus hermanos.

— Nunca quiso que fueras un guardia real y ahora mirate aquí, protegiendo su cuerpo muerto. —Cersei abrió la boca solo para atormentar a sus hermanos.

— Lo que construyó es nuestro, lo quiso para nosotros. —mencionó Jaime—. Ellos tratarán de llevárselo todo...

— ¿Ellos? —murmuró Cersei, quien parecía la más afectada.

— Todos ellos, allá fuera. Nuestros enemigos. —continuó él, causando estrés en su hermana mayor—. Hacen fila para asegurarse que este muerto y tan pronto vean las piedras en sus ojos se dispondrán a destruirnos.

— Ellos no tienen nada que ver. El hombre que asesinó a nuestro padre es el enemigo, nos destruyó. Se los he dicho por años y ustedes lo han defendido por años.

— Eso es exactamente lo que quieren...

— Y ahora nuestro padre esta muerto y él esta allá fuera en algún lugar respirando. —prosiguió desdeñando palabras de odio hacia Tyrion—. Y todo gracias a ustedes.

— ¿Y qué más da? —pronunció Ravenna sin despegar los ojos del hombre al que llamó padre—. Dices que Tyrion nos arruinó, pero no recuerdo que él nos haya casado a la fuerza con alguien a quien no queríamos, que se haya interpuesto entre nuestros deseos para imponer los suyos. Por mi pueden tomar todo lo que Tywin construyó, no me interesa, no quiero nada de él. Ya tuve suficiente y estoy asqueada de haber sido su peón en el juego.

— ¿Qué quieres decir? —cuestionó Jaime confundido.

— Quiero decir que me marcho. Jamás debí venir aquí. —tomó los extremos de su vestido y bajó los escalones—. Las personas mueren cuando vengo a esta ciudad, soy un augurio.

— Tyrion puede ser un monstruo, pero tú eres uno mucho peor. —acusó Cersei, mirándola con el mismo odio que profesaba hacia los demás.

Ravenna se detuvo, la furia recorrió su cuerpo y giró nuevamente tomando el brazo de su hermana entre su mano derecha, lo apretó con fuerza provocando dolor en Cersei, pero no le interesó lastimarla.

— Soy el monstruo que siempre debí ser. —apretó más el brazo de su hermana—. La proxima vez que regrese a este lugar traeré un ejército grande, poderoso, y entonces tomaré lo que le pertenece a mi hijo. La corona será suya. Quemaré la ciudad hasta los cimientos si es necesario, pero te aseguró que largo será su reinado y la dinastía dragón resurgirá más poderosa que nunca.

Soltó el brazo de Cersei, miró por ultima vez el cuerpo de Tywin y una lágrima rodó por su mejilla. Todo lo que había perdido por su culpa. A su príncipe. Su amado príncipe con el que soñaba todas las noches, con el que se veía corriendo entre los verdes campos y riendo sin preocupación alguna. Le habían arrebatado sus sueños, le habían drenado su felicidad usándola como a una marioneta, ahora rompía todas las cadenas con la muerte de Tywin.

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