ᴄʜᴀᴘᴛᴇʀ ᴇɪɢʜᴛ

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Bastión de Tormentas

▬▬▬▬EIGHT: ❝CASA DURRANDON❞

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▬▬▬▬EIGHT: ❝CASA DURRANDON❞


          DE ACUERDO CON LA  LINEA DE SUCESIÓN, ATHOS TOMABA LA CABEZA DE LA FILA, dejando a Arthur en el segundo lugar, siguiendo Eira y por último a Ravenna.
Todos esperaban su turno para despedirse del líder de la familia y señor del Bastión de Tormentas, Ayrmidon Baratheon.

— Confío en que harás las cosas mejor de lo que yo hice. —dijo colocando su mano en el hombro del joven—. Eres un gran hombre, casi hombre.

— Prometo no defraudarte. —sonrió abrazando al hombre que le había dejado grandes enseñanzas a lo largo de su vida.

Athos se movió hacia la derecha para dejar que Arthur lograra despedirse de su padre. Éste era el más impaciente de todos.

— Mi muchacho. —pronunció viéndose reflejado en la imagen de su único hijo varón—. Eres lo mejor que me ha pasado en años.

— No deberías decir esas cosas, tan sólo te irás por unos días.

— Jamás te he dicho lo orgulloso que estoy de ti. —ignoró las palabras de su hijo—. Pero lo estoy. Tu nacimiento mejoró todo lo que creía marchito y vacío.

Se quitó la hacha que por mucho tiempo le había pertenecido y la colocó en las manos de su primogénito. Arthur la miró con vehemencia, incrédulo de ser digno de tal orgullo.

— Es tuya. —pronunció antes de abrazarlo.

Al separarse de Arthur, Ayrmidon miró por un largo rato a su hija Eira.
La delicada niña con facciones preciosas y ojos verdes. Era una mezcla de venado y león, pero de corazón puro.

— Ven aquí. —abrió sus brazos, inclinándose para tomar a la pelinegra y cargarla—. Voy a extrañarte cada día que este lejos de casa.

— No te vayas. —pidió con voz débil que amenazaba con dejar salir sollozos, pero que los retenía por orgullo.

— Eres lo más preciado que he tenido en mi vida. —murmuró dejando a Eira en el suelo—. Estoy seguro que serás la mejor guerrera que exista en esta tierra.

Depósito un beso en la frente de la niña y pasó a la parte más importante de toda su vida; Ravenna, la mujer que lo había cautivado desde que él era un niño y tenía mala destreza con la espada.
   Aún podía recordar cuanto se había entristecido al saber que la rubia estaba enamorada del príncipe dragón. Le había costado lágrimas y burlas por parte de Robert y Stannis. Y cuando Tywin la comprometió con él fue el hombre más feliz de los siete reinos.
Le perdonó cualquier error y la amó a pesar de las circunstancias.

— Aún después de diecisiete años sigues dejándome sin palabras. —dijo estando de pie frente a ella.

Ravenna rió con burla, negando por la honestidad de su marido al dejar en claro sus sentimientos sin miedo a ser rechazado.
  Se mantuvo serena, con un tumulto de sentimientos en su pecho.

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