Con la muerte de Robert Baratheon, el trono de hierro ha caído en manos de los Lannister. Cersei pone la corona sobre su cruel hijo bastardo iniciando una rebelión conocida como la guerra de los cinco reyes. Guerra en la que Ravenna trata de mantene...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
▬▬▬▬EIGHT: ❝CASA DURRANDON❞
DE ACUERDO CON LA LINEA DE SUCESIÓN, ATHOS TOMABA LA CABEZA DE LA FILA, dejando a Arthur en el segundo lugar, siguiendo Eira y por último a Ravenna. Todos esperaban su turno para despedirse del líder de la familia y señor del Bastión de Tormentas, Ayrmidon Baratheon.
— Confío en que harás las cosas mejor de lo que yo hice. —dijo colocando su mano en el hombro del joven—. Eres un gran hombre, casi hombre.
— Prometo no defraudarte. —sonrió abrazando al hombre que le había dejado grandes enseñanzas a lo largo de su vida.
Athos se movió hacia la derecha para dejar que Arthur lograra despedirse de su padre. Éste era el más impaciente de todos.
— Mi muchacho. —pronunció viéndose reflejado en la imagen de su único hijo varón—. Eres lo mejor que me ha pasado en años.
— No deberías decir esas cosas, tan sólo te irás por unos días.
— Jamás te he dicho lo orgulloso que estoy de ti. —ignoró las palabras de su hijo—. Pero lo estoy. Tu nacimiento mejoró todo lo que creía marchito y vacío.
Se quitó la hacha que por mucho tiempo le había pertenecido y la colocó en las manos de su primogénito. Arthur la miró con vehemencia, incrédulo de ser digno de tal orgullo.
— Es tuya. —pronunció antes de abrazarlo.
Al separarse de Arthur, Ayrmidon miró por un largo rato a su hija Eira. La delicada niña con facciones preciosas y ojos verdes. Era una mezcla de venado y león, pero de corazón puro.
— Ven aquí. —abrió sus brazos, inclinándose para tomar a la pelinegra y cargarla—. Voy a extrañarte cada día que este lejos de casa.
— No te vayas. —pidió con voz débil que amenazaba con dejar salir sollozos, pero que los retenía por orgullo.
— Eres lo más preciado que he tenido en mi vida. —murmuró dejando a Eira en el suelo—. Estoy seguro que serás la mejor guerrera que exista en esta tierra.
Depósito un beso en la frente de la niña y pasó a la parte más importante de toda su vida; Ravenna, la mujer que lo había cautivado desde que él era un niño y tenía mala destreza con la espada. Aún podía recordar cuanto se había entristecido al saber que la rubia estaba enamorada del príncipe dragón. Le había costado lágrimas y burlas por parte de Robert y Stannis. Y cuando Tywin la comprometió con él fue el hombre más feliz de los siete reinos. Le perdonó cualquier error y la amó a pesar de las circunstancias.
— Aún después de diecisiete años sigues dejándome sin palabras. —dijo estando de pie frente a ella.
Ravenna rió con burla, negando por la honestidad de su marido al dejar en claro sus sentimientos sin miedo a ser rechazado. Se mantuvo serena, con un tumulto de sentimientos en su pecho.