Con la muerte de Robert Baratheon, el trono de hierro ha caído en manos de los Lannister. Cersei pone la corona sobre su cruel hijo bastardo iniciando una rebelión conocida como la guerra de los cinco reyes. Guerra en la que Ravenna trata de mantene...
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POSIBLEMENTE STANNIS SUPO QUE LA GUERRA ESTABA ACABADA CUANDO CIERTOS BARCOS SE ALEJARON.
Las manos de Ravenna quedaron liberadas por obra de uno de los soldados. Enseguida se levantó y corrió a la proa, se inclinó aferrándose al barandal e intentó visualizar a su hija entre la espesa neblina nocturna.
— Madre. —la voz de Arthur la hizo girar su rostro. Lo vio en su armadura grisácea, la vieja hacha de su padre colgaba de sus caderas, y avanzaba entre la multitud–. ¡Den la vuelta!
Su potente grito erizo la piel de la rubia, quien lo miró perpleja mientras movía su cabeza de izquierda a derecha, pero nadie le prestó atención con la espesa niebla y oscuridad de la noche, las velas se desplegaron y el barco dio la vuelta alejándose lo suficiente de las flotas de Stannis.
— ¡Alto! Debemos regresar. —chillo empujando a los soldados hasta llegar junto a su hijo—. Vuestra hermana está con Stannis.
Arthur adoptó una expresión de miedo, empujó levemente a su madre e intentó avanzar hacia el borde mientras se quitaba la pesada armadura, sin embargo la fuerza de la explosión lo empujó arrojándolo al suelo.
En aquel momento el cielo se iluminó de color verde y la madera voló por los aires seguido de gritos desgarradores que helaban la piel de muchos, quienes apartaron la vista sin poder soportarlo.
Ravenna corrió hacia el extremo derecho de la embarcación, tenía intenciones de arrojarse al mar de no haber sido por su hijo que la sostuvo de la cintura. Ella se dedicaba a removerse gritando y llorando hasta que su garganta dolió. No podía despegar sus ojos de las flotas que ardían, de los hombres que se revolcaban llenos de dolor. La rubia quedó en trance, sin dejar de mirar la escena, sus ojos estaban fijos y su cuerpo perdía fuerza, sintiéndose frágil. De no ser por su hijo que la sostenía hubiera caído y aún así ambos quedaron sentados en el suelo, con lágrimas en su rostro y un dolor en el corazón.
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Su armadura era completamente brillosa. Sobre sus hombros se enganchaba la capa de color rojo, el mandoble se enganchaba en su cadera, el rubí al final del mango se iluminaba en la oscuridad de la noche. No iba en caballo como los demás, al contrario, cuidaba la espalda de los arqueros y trataba de abrirse camino entre los escuderos. Hacía todo lo posible por llegar al corazón de la batalla y acabar de una buena vez con esa masacre. Desde que el ejército Lannister llegó la lucha se vio descompensada para Stannis, quien no se encontraba entre la muchedumbre, cosa que Athos no tardó en aprovechar.
Para aquel momento su capa se había desprendido de sus hombros y permanecía en algún lugar manchada de lodo y sangre, pisoteada, pero eso no importaba porque élpermanecía de una sola pieza, salvo algunos rasguños en sus brazos de las espadas que rasgaron la cota y una pequeña herida en su costado izquierdo.
Tormenta escarlata estaba llena de la sangre de sus oponentes. Dio una mirada a su alrededor y vio la pequeña flota marcharse, supuso que era su tío Stannis cuando diviso el estandarte del corazón en llamas. Consideró que no era justo que aquellas personas dieran su vida por alguien que los abandonaba. No quería tener la sangre de inocentes en sus manos, él no era esa clase de hombre.
Empujó y enterró su espada cuando creyó que era necesario, todo para alcanzar a trepar hasta las escaleras y ver el caos que sucedía abajo.
— ¡Basta! —gritó tan fuerte como su garganta se lo permitió. Tanto Lannister como Baratheon se detuvieron para prestarle atención—. Está no es su guerra, no merecen morir por alguien que los ha abandonado. ¿Qué clase de rey es ese? Uno al que no le importa poner la vida de sus soldados en peligro sólo por el capricho de un trono que no le pertenece. Sé que para muchos no soy más que un crío tonto que no sabe nada de guerra, pero sé lo más importante. Sé que los soldados mueren, su familia sufre y los que están en el poder continúan con su vida. Si se rinden ahora les doy mi palabra de que podrán marcharse y regresar con sus vidas en Bastión de Tormentas.
Si bien era cierto que Stannis inspiraba a las personas a seguirlo, Athos lo llevaba en la sangre, todos lo amaban a pesar de su corta edad. Y Tywin lo confirmó cuando el estruendo del acerco chocando contra el suelo resnó por las calles. Las espadas cayeron y los soldados se rindieron, pero lo que dejó consternado al viejo león fue como aquellos hombres se arrodillaron frente al joven, a los ojos de Joffrey, quien había estado ausente en la batalla siendo el rey de la ciudad a la que debía proteger. Aquello fue la primera muestra de la devoción que los hombres tenían por Aemon Targaryen, príncipe que fue prometido y el legítimo heredero al trono de hierro.