ᴄʜᴀᴘᴛᴇʀ ғᴏʀᴛʏ ᴇɪɢʜᴛ

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Roca dragón

Las noticias sobre el actual estado de la guerra se habían expandido demasiado rápido por los siete reinos

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Las noticias sobre el actual estado de la guerra se habían expandido demasiado rápido por los siete reinos. Aemon ni siquiera se había detenido a pensar en seguir con los planes de guerra, montó el primer caballo que cruzó frente a él y cabalgó hacia Bastión de Tormentas, desviándose del camino real.
Su madre era prisionera de Cersei, y aunque aquello no lograba atemorizarlo, si tenía una leve preocupación, pero su objetivo principal era la joven Targaryen, quien había perdido a un dragón y a su compañera, su amiga.

Por las noches solía escabullirse del Torreón, bajar a las criptas llevando consigo una cubeta de carne cruda. Pasaba un largo rato junto al majestuoso animal que crecía cada vez más. Se aseguraba de que nadie estuviera despierto y lo dejaba salir al patio, lo dejaba ser libre y volar sintiendo la brisa en sus escamas. Pero estaba vez era diferente. Esta vez lo montaba bajo los escasos rayos solares, aquel dragón ya no era pequeño.

Llegó en el enorme dragón negro, aterrizó en la verde montaña frente a la construcción creando un estruendo por el peso de Craxos. Todos los que se encontraban cerca quedaron sorprendidos al contemplar el majestuoso animal que le pertenecía al joven. No daban crédito a lo que veían.

— ¿Dónde está? —cuestionó a Varys sin detenerse a mirar el asombro en el hombre, quien no apartaba la mirada del dragón.

Con sus dientes jaló el guante de cuero de su mano derecha mientras en la izquierda trataba de sostener el arpa de oro que llevaba con él.

— En su habitación, no ha salido desde que llegamos. —respondió siguiendolo con la intención de saber como había conseguido al dragón—. Mi señor, ¿no cree que debería tomar las riendas de esta situación? Usted es un hombre racional y justo, el pueblo estará mejor con alguie...

— Sé lo que soy. —lo interrumpió sin detenerse—. Deberías encargarte en ayudarla para restaurar la paz, no traicionarla.

— Pero mi señor, sólo usted puede acabar con esta barbarie. —continuó. Aemon chasqueó la lengua y achinó sus ojos mirando a otra dirección.

— No quiero que las personas decidan quien soy. Yo quiero decidir por mi mismo.

Y sin más preámbulos continuó cruzando el verde pasto hasta llegar a la guarida del dragón. Pasó de largo entre las habitaciones y le pidió a los inmaculados dejarlo entrar al cuarto de la madre de dragones.

Aemon contempló como el cabello plateado le caía en la espalda hecho una maraña. Su corazón se encogió cuando Daenerys giró dejando a la vista aquel rostro demacrado y pálido donde las manchas negras se extendían por debajo de sus ojos.

— ¿No deberías estar con el ejército del norte? —habló débilmente alejándose de la ventana y acercándose al sillón. Había cierto reproche y rencor en su tono de voz. Las cosas entre ellos estaban tensas después de confesar también era un Targaryen. Eso solo seguía empujándola al final de la línea de sucesión y arrastrándola a la locura.

— En cuanto supe de lo que sucedió decidí venir a verla. —explicó reprimiendo sus ganas de tomarla en brazos y decirle que todo iría bien y la guerra les favorecería. Y ni siquiera entendía porque.

— ¿Y vuestra madre lo sabe? —alzó una ceja—. Ella quiere el trono para ti, ha jugado el juego por años y no se pondrá feliz al saber que estás aquí.

— Ella está bien. —aseguró acercándose a ella en pasos pequeños—. Cersei es su hermana y por mucho que se guarden rencor dudo que lleguen a hacerse daño. Sin contar que ella me ha orillado a apoyarla

— ¿Por qué una Lannister haría eso?

— No es ese tipo de Lannister. —la defendió—. Sé que parece lo contrario con esa mirada de un león cazando su presa, pero ella no es así. Toda su vida nos ha dado lo que a ella le privaron. Su padre le prohibió usar espadas por ser mujer así que ella le enseñó a Eira a usarlas. Su padre le negó la posibilidad de abandonar su hogar y experimentar por el mundo así que ella dejó que Arthur partiera a las ciudades libres. El rey le quitó la posibilidad de estar con la persona que amaba así que ella me dejo elegir antes a la mujer con quien pasaría mi vida.

— ¿Y a qué costo? —gruñó—. Vuestra hermana Eira es tan salvaje que se reveló y decidió quedarse en el norte. Vuestro hermano Arthur se fue a las ciudades libres, consiguió barcos y se los ofreció a Cersei.

— ¿Qué hay de mi? —indagó hincandose frente a ella y tomando sus manos entre las de él—. ¿Vas a matarme?

— Nunca podría hacer eso. —reveló con ternura, pero pronto su semblante se volvió serio y alejó sus manos—. Vuestro hermano debe pagar.

— ¿De verdad crees que mi madre educaría a un traidor? —acusó sin intenciones de levantarse-—. Arthur le ha mentido a Cersei. Cuando sea el momento atacará a las fuerzas de los Lannister desde sus barcos. La compañía dorada fue contrada por mi madre antes de que Cersei lo hiciera.

Daenerys quedó impactada por la confesión y un rayo de esperanza golpeó su corazón cuando se dio cuenta de la cantidad de hombres que tenía Aemon comparada con sus enemigos.

— El trono será nuestro. —susurró Aemon sin pensarlo mucho.

— Eres un digno heredero del trono. —susurró de vuelta mientras se sumergia en la mirada violeta de su acompañante—. Aún cuando me cuesta reconocerlo no es más que la verdad. Has sabido ser paciente y benévolo, justo y cálido.

— Acompáñame. —le extendió su mano mientras le sonreía.

Daenerys dudó un momento hasta que decidió colocar su mano entre la de él y dejarse guiar a través de los pasillos que daban al campo.

A lo lejos pudo observar como Jon bajaba de su embarcación y hablaba con Varys, toda su atención estaba en ellos llenándose de rabia por la traición de su sirviente y del hombre que también llevaba su sangre.

— Daenerys. —la llamó Aemon atrayendo su atención y dejándola estupefacta.

Frente a ella se hallaba un enorme dragón de escamas negras, ojos rojos y dientes filosos que se veía más grande que Drogon.

— ¿Cómo...? —pronunció con dificultad avanzando torpemente hacia el animal.

— Tú eres la madre de dragones y yo soy el padre. —rió con ironía—. No fuiste la única que soñó con ver nacer de nuevo a los dragones.

— ¿Cuál es su nombre? —interrogó alzando su mano y pasándola por el hocico del animal.

— Craxos. —miró anhelante a la joven que tenía delante de él. Había soñado con Morgana recientemente, la había visto también a través de las llamas del fuego y ella le había dicho que este era su momento. No entendía a qué se refería y tampoco quería alguna explicación, se conformaba con verla en sueños—. Cuando la guerra termine, cuando el pueblo esté en paz y el reino prospere, te contaré la historia de cómo Aemon Targaryen se convirtió en el Azor Ahai.

Los ojos de Dany volvieron a brillar, no por la avaricia y el deseo, fue la admiración que sintió por el hombre lo que la llevó a sentir calma. El destino había sido muy cruel con ella, se vio rodeada de enemigos y hombres malvados, pero ridículamente estaba en presencia de un hombre con un espíritu y respeto inquebrantable. Comprendió que pelear a muerte entre ellos por el trono llevaría a una desgracia como la de sus antepasados. La historia que conocía de Rhaenyra y su medio hermano Aegon II no sería el mismo caso con ellos. No pensaba dividir al pueblo en dos bandos.

THE GREAT GAME |GOT|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora