Capítulo 24

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Martes por la mañana.

Caminé al estadio para tomar mis clases de deportes. Odiaba tanto mi falta de coordinación mano-ojo increíblemente necesaria para el voleibol.

Era un completo asc… fracaso.

¡No di una durante todo el partido!

-De acuerdo, chicas. Las veré la próxima semana.-

Unos meses más. Solo unos meses más de tanta tortura.

Fui a las duchas acompañada de todas mis compañeras.

El sudor existente en todo mi cuerpo no me dejaba tranquila ni me permitía salir de aquí sin tomar una ducha. Ya no tenía tanto miedo de ir al baño sin Dinah. Mis compañeras no eran personas malas.

Tomé la toalla junto a mi shampoo, acondicionador y jabón. Escuchaba el ruido que ellas hacían por sus conversaciones sobre chicos. Seguía creyendo que había cosas más importantes que eso.

Al terminar de lavar mi cabello, cerré las llaves y envolví mi cuerpo con la toalla para salir. Abrí la puerta pero nadie estaba fuera. No había notado en que momento el ruido desapareció y las chicas se habían marchado.

Vi mi maleta sobre la banca y empecé a cambiarme. Cuando estuve lista guardé todo pero antes de marcharme, un ruido proveniente de los casilleros posteriores tomó mi atención. No podía ver quien era.

-¿Hola?- pregunté confundida pero nadie respondió. Lo dejé pasar. Tomé mis cosas y antes de caminar, las puertas de los casilleros junto a mí se abrieron violentamente.

Retrocedí.

Así que aquí has estado” la voz en mi cabeza no era la de Lauren. Su voz era fuerte y demandante.

-¿Quién… Quién eres?-

“¿Quién soy?” pregunto con una horrible risa que terminó cuando expulsó todas las cosas fuera de los casilleros tratando de lastimarme. “Soy tu peor pesadilla”

De inmediato un hombre se hizo presente ante mí. Utilizaba ropa negra y ahora que lo tenía en frente podía notar la cicatriz diagonal en el lado izquierdo de su mejilla. Casi llegaba a su ojo.

Era el hombre que hablaba con Lauren.

-¿Qué… que quieres?- temblaba. Mi voz temblada y él sonreía por ello.

-A ti.- de repente su brazo se ubicó en mi cuello y una ligera presión me cortó la respiración. -Sabía que si lo hacía por mi cuenta sería mucho más fácil.-

-Pensé que te gustaba la diversión.- habló Lauren detrás de él. No sabía de donde… rayos había aparecido pero ahora estaba más que agradecida.

-¿Intentarás meterte?- se burló el hombre mirándola con arrogancia.- recuerda lo mucho que te dolió la paliza de la otra noche. ¿Crees poder soportarlo de nuevo?-

Ella no había tenido una pelea de bar. Sabía que él tendría algo que ver.

-No digas que no nos divertimos.- seguía hablando Lauren con tranquilidad. -Aunque para ser sincera 5 contra 1 no fue nada justo. ¿Acaso tenías miedo de no poder conmigo?-

-¿Miedo?- se burló poniendo su completa atención en ella. -A veces pienso que tienes agallas, lindura.-

En cuanto te suelte, ve a tu dormitorio” su voz en mi cabeza me dio las instrucciones de lo que debía hacer.

-Acércate y lo compruebas.- no parecía tener las intenciones de hacerlo. -Vamos, Rick. No me digas que tienes miedo de enfrentarte a mí ahora que no están tus inútiles compañeros cubriéndote la espalda.-

-Te arrepentirás de lo que dices.-

-Demuéstralo.-

Sentí como su mano aflojaba el agarre sobre mi cuello y giró por completo para dirigirse a Lauren. Había un montón de cosas en el piso que obstruían su paso pero no representó mayor problema para él. Con fuerza levantó su mano y empujó todo a los extremos de la habitación. Jamás tocó nada. Las cosas simplemente se movieron bajo su orden.

Vete ahora” dijo Lauren sin despegar la mirada de su adversario.

No voy a dejarte aquí

Me miró como una súplica. “Por favor, Camz…”

Ricky se acercó y con un ágil golpe la envió contra los casilleros.

-¡Lauren!- intenté acercarme pero ella levantó su mano en mi dirección y una fuerza indescriptible me prohibió avanzar. La miré.

Quiero que te vayas” su fuerte voz no dejaba lugar a la discusión.

Mi respiración era acelerada y el miedo de que la lastime creció.

“Esperaré por ti” le dije antes de correr fuera del lugar.

No pensé en mis clases siguientes ni a cuantas personas golpeé en mi afán de huida. Lo único que deseaba era llegar a la habitación y esperar por ella.

Entré con la esperanza de encontrar a Dinah olvidando el hecho de que estaba en clases. Cerré la puerta con seguro y me aleje de ella y de la ventana.

Él estaba buscándome.

No sabía que podría querer de mí pero estaba segura de que sus intenciones no eran buenas. Nada buenas.

Caminé por la habitación preocupada.

Él podría saber que yo era un ángel. Serafín me lo dijo. No todos los humanos eran buenos.

Pero él no era humano. Los humanos no mueven objetos ni se meten en tu cabeza.

Él era un misterio igual que Lauren.

Dos fuertes golpes en la puerta detuvieron mi caminar. Me alejé hasta el otro extremo de la habitación. Me encontró.

-Camila.- su voz detrás de la puerta me dejo respirar.

Corrí para retirar el seguro y abrir la puerta solo para ver el desastre que era la chica de ojos verdes.

-Hey, Lauren.- saludó una chica que caminaba por el pasillo con una sonrisa.

El labio y ceja rota al igual que el moretón en la mejilla de Lauren no parecía preocuparla.

-Hola, Megan.- se forzó a contestar sonriendo de vuelta.

Tomé su brazo y la metí en mi habitación. Caminaba sosteniendo su abdomen mientras hacía muecas de dolor.

-¿Cómo es que nadie te vio llegar así?-

Teníamos guardias de seguridad por todo el campus, resultaba difícil creer que nadie la vio y la obligó a ir al centro médico.

-Nadie lo noto.- murmuró mientras la ayudaba a llegar a mi cama. -¡Mierda!- soltó cuando hizo un mal movimiento que le obligó a lanzar esa grosería.

-La chica que te saludó no parecía notarlo.-

-Lo sé.-

La miré tratando de analizar sus palabras.

-¿Te metiste en su cabeza para evitar que lo notara?-

Ella me miró como si la respuesta fuera obvia.

-¿Juegas con la mente de las personas?-

-Quizá.- murmuró con seriedad.

-¡Basta ya, Lauren!- pedí alejándome de ella.- Dime que el ataque en el vestuario no fue producto de tu diversión. Dime que no te metiste en mi cabeza y que todo fue un invento.-

Su seria mirada no se despegaba de la mía.

-No necesito jugar con tu cabeza para decirte que estas en problemas.-

-No te creo.-

-¿Disculpa?- preguntó indignada.- ¿Acaso quieres que el idiota de Rick te encuentre?-

-No le debo nada. Él no tiene motivos para buscarme.-

-¡Eres un jodido ángel! ¿Crees que eso no es motivo suficiente?- gritó enojada.

Él lo sabía.

-¿Cómo… como lo sabe?-

-Todos lo saben.- murmuró levantándose de la cama. -¡Mierda!- chilló de dolor.- Todos lo saben y no estás segura aquí.- se acercó lentamente a mí y yo retrocedí dos pasos. Se detuvo. -Debes volver, Camila.- ella estiró su mano y tomó el dije de mi cuello, mirándolo detenidamente. Inclinó su cabeza y por un segundo su mirada se concentró tanto en ello que volví a hablar para llamar su atención.

-¿Todos?... ¿A quién te refieres?-

Suspiró evitando mi mirada y supe que no respondería. Me alejé de ella.

-Lo lamento pero no te creo.- caminé hacia la puerta y la abrí.- ¡No puedo confiar en alguien que no es capaz de decirme quien carajos es!-

-Camila…-

-Quiero que te vayas, Lauren.- dije segura.- No confió en ti.-

-¡Intento protegerte!-

-¡¿Jugando con mi cabeza?!- pregunté desesperada.- No sé si esto en realidad está pasando yo…-

-No soy humana.- interrumpió mis palabras mientras me miraba expectante.

-Eso lo sé.-

-Tampoco soy un ángel.- esta vez lo dijo con tristeza. La idea nunca cruzó por mi cabeza.

Sus ojos se apagaron en cuestión de segundos. Suspiré antes de cerrar la puerta y caminar hacia ella.

-¿Qué eres?-

-El resultado de una guerra olvidada.- la miré confundida viendo como Lauren agachaba la cabeza.- Soy un ángel caído.- 

La respiración se atoró en mi garganta.

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