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Gabriel todavía me mantiene encerrada en sus solidos brazos cuando levantamos la mirada y nos encontramos con la mirada gélida del El Jefe.

-Se-señor...

El compañero de Gabriel no esta por ninguna parte. Sin que nos diéramos cuenta, él se marcho.

-Hola, Señor -murmura Gabriel.

Con rapidez, Jen le toma las manos a Gabriel, las empuja a un costado, me agarra mi mano y tira de mi detrás de su cuerpo. Gabriel trata de adelantarse pero Jen abre la puerta de una patada, me empuja adentro y le da un portazo en la cara.

Fue un buen señuelo, pienso tranquilamente, mientras mi subconsciente pone las manos en los bolsillos y me felicita muy pancha.

Me doy vuelta y cuando lo miro, veo que ne observa con una expresión indescifrable y los ojos impenetrables. ¿Que paso, Querido? ¿No te gusta mi manera de actuar? ¡Pensé que dijiste que me estaba portando muy bien! Oh, que lastima. Creo que me rompes el corazón.

-¿Que mierda fue eso?

Me muerdo el labio y sonrio tranquilamente.

-¿De que hablas, Jen? -pregunto mirándolo impasible y en tono tranquilo. En algún momento de mi vida habría perdido la capacidad del habla y hubiera sido más balbuceos que persona, pero me tomo esta situación como un pez en el agua.

-¿Me puedes explicar por que estabas besando a Gabriel?

Me observa atentamente, mientras yo me limito a encogerme de brazos. ¿Por que lo bese? Vaya, lo dice el tipo que tenia su pene en la boca de otra mujer. ¿Que tiene de malo que me bese con alguien más? El no es muy inocente que digamos.

-¿Por que tengo que darte explicaciones?

Te acostaste conmigo mientras eras novio de Suzanne, luego, cuando estabas acostándote conmigo, empezaste a cogerte también a Vanesa... ¿me vas a pedir explicaciones cuando yo no te dije nada? Vaya, no te entiendo.

-¿Acaso, soy tu mujer?

-No.

Su respuesta es inmediata, sin pensarla ni siquiera. Me mira con una expresión serena y fria, como si esa pregunta no le pudiera afectar. Mi subconsciente rueda los ojos y me dice que siga provocándole hasta obtener la respuesta que quiero. Me recuerdo una cosa. Las personas bajo presión son débiles a hacer lo que nunca pensaron posible. Hasta el hombre o mujer más astuto, bajo presión, puede equivocarse ante la cosa más fácil y ceder absolutamente.

Tira de la cuerda... vamos, un poco más.

-Entonces, si no soy tu mujer, no se porque tengo que darte explicaciones.

-Me las tienes que dar.

Me muerdo los labios y sonrio.

-No.

Ha perdido esa figura imponente, toda poderosa que cree que se puede llevar al mundo por delante, para dejar delante de mi a un hombre celoso, perdido y con ganas de salir a matar a Gabriel.

Un hombre común y corriente... todos son "iguales"

-Si.

Frunzo el ceño.

-Si no soy tu mujer, puedo acostarme con cuantos quiera, Cariño -Tengo una maldita sonrisa de oreja a oreja y nada de lo que me vaya a decir hará que deje de reírme en su cara.

-Fresa -me advierte.

Ay, siempre diciendo mi nombre como si fuera una amenaza . ¿Que? ¿Que mierda va a pasar si sigo? ¿Que paso, Jen? ¿No te gusto?

MENTIRAS CRUELES: Yo Soy TuyaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora