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Jen saca una navaja del bolsillo delantero de su pantalón y me dice con un dedo que me de la vuelta. Hago lo que me pide. Me doy la vuelta, paso la trenza sobre mi hombro para darle una vista clara de los hilos del corset y espero. Me agarra de las caderas y me obliga a caminar hacía atrás para acercarme, siento como la punta de su arma se pone en los hilos y luego como los va cortando. Mis oidos se agudizan y escucho cada cosa que hace. Mi cuerpo vibra y me estremezco cuando siento como sus labios rozan mi oreja y me besa en el cuello. El corset cae a mis pies y mis pechos son capturados por sus manos.

-¿Llevas puesto eso toda la noche?

-No eres nada delicado. -susurro. -me lo puse especialmente para ti.

Sus pulgares y sus dedos indices tiran las puntas endurecidas de mis pezones. Ladeo la cabeza para darle un mejor acceso a mi cuello pero él lo ignora y le da su atención a mi oreja. Su boca caliente se cierra alrededor de mí lóbulo y le pasa la punta de la lengua. Sus caricias en mis pechos son lentas y delicadas, como si se tomara su tiempo.

-No mientas, Fresa. Estabas por permitir que ese virgen pervertido se intentará robar lo que es mio. Quien sabe que pudo haber pasado si no hubiera entrado.

-¿Celos?

Siento como su entrepierna se endurece en la parte baja de mi espalda. Jen me da un beso en la mejilla y presiona su erección contra mi cuerpo.

-Te lo pusiste solo para molestarme. Disfrutas al provocarme... te excita saber como me pongo cuando te veo con otro.

¿Que sabes tú?

Enseguida salgo de mi burbuja y me pongo alerta.

-¿Y que conseguiría yo haciendo eso? -subo las manos por sus brazos, por sus hombros y lo dejo en su mejilla. Me giro -¿Por que voy a querer provocar a mi ex?

Siento como algo cambia entre nosotros después de pronunciar esas palabras. Me da la vuelta enseguida y veo como su expresión juguetona se ha tornado seria.

-Yo nunca te voy a dejar ir, Fresa.

Me quedo inmóvil, estática, y mi corazón empieza a latir más lento pero con fuerza, mí respiración se vuelve más honda.

Esta verdaderamente enojado. Su mano me da una fuerte azote en el trasero y exclamo un pequeño grito. Le pego en el hombro y el me muerde en el cuello. ¡Ay! Le muerdo en la quijada y lo empujo de un cachetazo.

No.

De pronto me despierto de la fantasia. Mi indignación me está volviendo loca. Me sonrie perversamente y cuando me besa lo hace a lo fuerza, empuja su lengua en mi boca, y furiosa, le muerdo. Me roge la trenza con una sola mano, enroscandola alrededor de sus nudillos, obligándome a mantenerme dónde quiere, y me besa apasionadamente, casi brusco. Su cuerpo se planta contra el mio con fuerza y apenas abro la boca para exclamar un grito, su lengua me vuelve a invadir.

Me siento muy débil en este momento y como no me queda alternativa, le correspondo a su beso con la misma fuerza.

-Nosotros no hemos terminado. -susurra en mi oreja -Esto solo se termina cuando yo lo decida.

-Claro, él que decide como son las cosas aquí solo eres tú, ¿No?

Me besa.

¡Yo también estoy enojada! ¡No tienes ningún derecho a decirme que hacer!

Siento como la mano en la parte baja de mi espalda, corre a un lado la tanga y ,desde atrás su mano baja a mi sexo, empuja un dedo dentro de mi. Noto su sonrisa en mis labios. Jadeo y me aparto de él, rompiendo nuestro beso, y tiro la cabeza hacía atrás suavemente, pero sus labios se vuelven a juntar con los mios.

MENTIRAS CRUELES: Yo Soy Tuya Donde viven las historias. Descúbrelo ahora