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Al día siguiente, me despierto bajo un cielo gris oscuro, completamente sola. Me siento en la cama y busco el reloj con la vista para ver que hora es.

Me estiro y me siento en el borde de la cama, mientras parpadeo para terminar de despertarme. De pronto, veo que las bolsas de los obsequios del Jefe no están por ninguna parte. No era como que me gustara demasiado pero de cualquier manera... ¡maldito traidor! Sabía que no se podía confiar en él. Paso mis manos por la frente. Necesito verlo urgente. Necesito comprobar si sabe algo de mi plan o no y ver que hacer a continuación... pero, ¿como? Ay, no prepare un plan B.

Fácil... finge ser tonta ¿Que otra opción más queda?

Salgo disparada a la cajonera, le tomo unos boxers, una remera y entro al baño. ¿En que falle? Me miro al espejo. El Jefe debe ser mejor mentiroso de lo que pensé. Entonces trato de pensar en su expresión cuando dijo que era "Mío". No encuentro nada sospechoso. Trato de analizar algo distinto en el sexo... pero me cuesta y el recuerdo me ruboriza... no, no hubo nada malo entre nosotros.

¿En que mierda falle?

Me ducho rápido y luego me visto con la ropa que le saque y mis calzas. Desconcertada por mi falla, me pregunto si debo o no retirarme. Tal vez lo que espera es que pase vergüenza. ¿Le contó a los demás? Mmm... puede ser. Pero, si piensa que puede humillarme entonces no sabe lo que le espera. Sonrió. Si, yo también voy a jugar y ahí veremos quien termina peor. Camino hasta la puerta y cuando tiro ara tratar de salir descubro que esta cerrada con llave. ¡Con llave!

-¿Que fetiche tienes? -susurro.

Pateo la puerta.

Camino hasta el sofá y me siento, cruzo las piernas y tiro la cabeza atrás. Huelo al Jefe. Tomo un mechón de mi cabello y huelo su shampoo. Mmm... me pregunto si Suzanne moriría al pasar por su lado. Quizás hasta termine teniendo una extraña atracción por mi.

Repaso con la vista a mi alrededor y veo la manga de una campera de jean escapando debajo de la puerta de su guardarropa. Trato de ignorarlo lo más que puedo pero esa maldita obsesión es más grande que yo y termino cediendo. Me levanto, enfadada conmigo misma, y avanzo hasta el maldito guardarropas. Le abro una puerta y me quedo de piedra al ver adentro.

El Jefe movió su ropa a un lado para crearme un espacio y coloco toda mi ropa. ¡Si! Oh, si, si... ¡Gane! Ja, asi que era una idiota, inocente que no sabía nada y que no iba a poder con El Jefe. Miren como les gane a todas, arpías. Mi subconsciente me aplaude y yo hago pequeñas reverencias, mientras con una mano digo "no, no es nada".

Soy la mujer del Jefe.

Las palabras retumban en mi mente y de apoco voy procesando esas palabras...

Soy la mujer del Jefe

Un escalofrío me corre por la columna y me estremezco. Es lo correcto, me digo, no tienes elección. Pero, ¿enserio no tengo elección? Misty dice que es importante su confianza... Penélope dice que los amigos son reemplazables... ¿Que será verdad? Cierro la puerta del guardarropa y doy un paso atrás.

Espero no equivocarme.

-No voy a ponerme esos vestidos. -digo, cruzo los brazos y camino hasta el sofa.

-Bueno, si no te gusta puedes quedarte desnuda -contesta -A mi me gusta.

Despertamos graciosos... ¿no?

-Entonces, si tanto te gusta, no creo que te importe que me pasee desnuda por toda la casa.

-Puedes estar desnuda todo lo que quieras, pero te aviso que de aquí no vas a salir.

MENTIRAS CRUELES: Yo Soy TuyaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora