25

4.8K 255 76
                                        

El Jefe pone mis pies en el suelo, me agarra de la mano y nos saca de la habitación. Bajamos a la planta baja, y apenas las puertas del ascensor se abren, salgo corriendo por el lado contrario y entro a un salón con varias mesas redondas, con manteles rojos y lámparas doradas bastantes modernas, hasta llegar a una abertura circulas con unas cortinas de terciopelo color escarlata. Empujo las cortinas, sin detenerme un segundo a mirar si me sigue, y después me atravieso por un largo pasillo blanco hasta encontrarme con una única puerta de madera color negra.

- ¿Puedes parar? -El Jefe me agarra de la muñeca y me da vuelta de un tirón. El da una rápida mirada por encima de mi cabeza y me acerca un poco más a su cuerpo. - ¿Piensas que puedes escapar de mí? Esta es mi casa. Eres mía, Fresa.

-No soy tuya. -corrijo soltando mi brazo de un tirón. -Déjame en paz.

-Jefe. -llama una voz ronca detrás de nosotros.

Es un hombre canoso, que hasta el momento nunca vi, abre la puerta.

El Jefe me agarra de la mano y me coloca a su lado, inclinándose delante de mi cara.

-Iba a llevarte a mi oficina para tener sexo contigo sobre mi escritorio, sexo vainilla soso, per tu escapaste por ansiosa. -pasa su dedo debajo de mi barbilla y me acerca a sus labios. -Acabaste con mi paciencia. Ya no te voy a proteger de tu jodida curiosidad.

- ¿De qué mierda habla?

Se vuelve al desconocido.

-Solo visual. -dice El Jefe al extraño.

-Por supuesto, Jefe. -contesta con tranquilidad.

Se hace a un lado para darnos paso y nos adentramos a la oscuridad absoluta.

- ¿Dónde estamos, Jefe?

El Jefe me guía de la mano por la eterna noche sin temor alguno. Trato de clavar mis pies al suelo para no continuar pero tira con fuerza y me obliga a continuar. Unos minutos más tarde escucho un sonido similar al que produce el botón de las luces y una fina línea de luz empieza a asomarse. Lentamente, esa línea crece y nos muestra una ventana que llega desde el suelo hasta el techo.

Lo primero que veo es un largo sofá en forma de L de terciopelo color azul pálido, unas colchonetas color tierra y una lámpara metálica al lado del sofá. Arriba de la colchoneta hay un hombre completamente desnudo de pie, con las manos en la parte baja de su espalda. De rodillas, completamente desnuda también, una chica esta practicándole sexo oral y con sus manos se sujeta de sus muslos mientras el empuja sus caderas contra su boca.

- ¿Que... es este lugar, Jefe? -pregunto, con dificultad al hablar.

Me giro y miro a mí alrededor para saber si estamos solos o hay otra ventana como esa. Estamos en un largo pasillo con las paredes de color vino y completamente desnudas.

- ¿No acordamos que no ibas a hacer preguntas? -me pregunta, observándome fijamente con una expresión insondable.

Inclino mi cuerpo hacia adelante y me doy vuelta, para no ver a la pareja.

- ¿Ellos saben...?

-Algunas personas sienten placer al ser observados por otras personas. -continua -El no permite que se unan otras parejas o algún tercero. Solamente puedes observar. Las personas que vienen aquí disfrutan de formas distintas su sexualidad. Algunas prefieren las orgias, otras el BDSM, el intercambio de parejas o tener sexo vainilla con las prostitutas.

- ¿Qué es realmente el BDSM? -le interrumpo su elaborado discurso al pervertido del año.

-Se lo que piensas que es... y estas muy equivocada. -me responde sereno.

MENTIRAS CRUELES: Yo Soy TuyaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora