27

5.1K 260 50
                                        

El jefe me dejó salir dos días después. No lo dijo con palabras. El simplemente deja la puerta abierta al marcharse:

El Jefe se queda esperando al fondo.

-¿Se supone que debo confiar en ti? -le pregunto al Jefe.

-Puedes hacer lo que quieras -me contesta apoyado contra la pared -Pero, ¿No era que estabas desesperada por marcharte?

Alzo una ceja y me lanza una rápida mirada.

-Vete, Fresa.

¿Como se que no lo dice para ponerme a prueba? Lo traicione al ocultar a un policía en la casa y, peor, a uno que tenia razones para causarle problemas... puede matarme si quiere. ¿Y si en realidad me esta permitiendo salir para que me maten los guardias? Seria perfecto. Yo iría tranquilamente, confiada en el, y en cuanto bajara por ese ascensor me mataría. El ya confeso haberme intentando entregar a Loncan por estar cansado de mi. ¿Que lo detiene esta vez?

¿Crees que soy tonta?

-Tengo la regla de que solo se pueden quedar una semana en mi habitación.

Alzo la ceja y levanto la barbilla.

-No tengo intenciones de convertirte en mi mujer. Vete, Fresa.

Me ruborizo al ver como sus labios esbozan una leve sonrisa.

-Ni yo tengo inten...

-Admito que tu sexo vainilla es bueno... pero no es suficiente para que te quedes a vivir conmigo. No me gustas tanto.

-¿Ah, si? -pregunto apoyando mi cabeza contra el marco de la puerta, observándolo con mucha atención. -Bueno, la diferencia entre sus putas y yo es que a mi no me interesa estar en tu vida.

Frunce los labios y ladea la cabeza.

-¿Segura? Te veías tan contenta conmigo.

-Sigue aferrándote a esos cinco minutos de satisfacción, pero, solo son eso. Cinco minutos. -contento tranquilamente. -Lo que paso en esta habitación entre nosotros... no ha sido más que un error.

-¿Solo un error?

Sonrió.

-Si usted se entrega en bandeja de plata ¿Quien soy yo para rechazarlo?

Bien, negar que me gusto es estúpido.

Su mano pasa debajo de mi mejilla y me besa en los labios. Apoyo mi mano en su pecho y lo separo de mi.

-Lo que paso en esta habitación... se queda aquí.

¿Pensó que iba a permitir que me humillara fácilmente? ¿Que iba a conseguirlo sin que tuviera nada que decir?

-Puedes quedarte con mi ropa. -murmuro con tono frio. -Te lo dejo de recuerdo por si me extrañas.

Me mira y sonríe.

-¿Crees que no te voy a volver a tener rendida a mis pies?

-¿Alguna vez me has tenido rendida a tus pies?

Que gracioso.

-Quédate con tus chicas y tu sexo sádico y vacío... a ver si un día logras superarme.

Paso por delante de él y me paro delante de las puertas del ascensor. No trata de seguirme, como ha hecho antes, y cuando las puertas del ascensor se abren, le lanzo un beso, y doy un paso adentro.












Cuando abro la puerta de mi habitación, me siento como en casa. No enciendo las luces, tampoco hace falta por que me conozco todo de memoria. Camino en medio de la oscuridad hasta mi cama y me acuesto en posición fetal. Las actividades sexuales que cometí con El Jefe finalmente le pasan cuentas a mi cuerpo. El colchón se siente más duro de lo que recordaba. ¿Siempre ha sido asi? Resulta tan incomodo... creo que después de un tiempo me acostumbre a la cama del Jefe. Respiro hondo y me tapo hasta la cabeza.

MENTIRAS CRUELES: Yo Soy TuyaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora