Gracias por sus comentarios en el capítulo de ayer. Tenía planeado contestarlos ayer, pero editar este capítulo me tomó mucho más tiempo de lo que me imaginaba. A veces el curso de la historia puede molestarles un poquito, pero ojalá comprendan cómo quise hacer esa narrativa y que todo lo que ocurre, tiene una razón para pasar. 🙊
En este capítulo aparece la personaje Amanda, es un homenaje a la persona más importante de mi vida. Disfruten el capítulo y que no se les olvide comentar ❤️✍🏼 📝
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Federico se despertó con un ligero toque en la puerta. Sintía un dolor de cabeza vertiginoso, el resplandor de la luz del día lastimaba sus ojos que no podía mantener abiertos. Nunca había tenido una resaca tan fuerte. Cristina entró mientras trataba de levantarse de la cama, pero sintió un mareo mezclado con náuseas y se detuvo, sentándose.
— Lo siento, ¿te desperté? No era mi intención... — Se disculpó Cristina.
— No, es demasiado tarde, tengo que ir a ver la hacienda... — Dijo con ambas manos en la frente tratando de organizar las palabras en medio de ese dolor alucinante.
— Aquí, tómate esto. — Sostuvo el vaso con una bebida no identificable.
Federico cogió el vaso y la miró con recelo.
— ¿Que es eso?
— No tengo idea. Pero Vicenta dijo que no hay nada mejor que eso para la resaca.
— Sí, ayer tomé mucho... — Reconoció.
Se tomó lo que ella le trajo de una vez hasta el final.
— Voy al baño. Muchas gracias por el desayuno. Déjalo ahí, por favor, si me pongo mejor de esa náusea, lo comeré cuando salga de la ducha.
— Si no te molesta... te espero y podemos desayunar juntos. — Cristina sugirió. — Debes de tomarte aunque sea un café puro, que también es otra medicina para la resaca.
— Gracias. — Él se encogió de hombros. — No me tardaré mucho. — Le advirtió.
Cristina comenzó a recoger su ropa que había quedado por la habitación mientras él se duchaba. Federico se veía raro. Parecía distante, frío... Quizás ese beso ni siquiera le había importado tanto y ella estaba preocupada por nada. Por supuesto, no debió haberlo tomado en serio, no debería haber sido tan importante para él y ella, como una tonta, se permitió crear ilusiones al respecto.
Federico salió con el albornoz puesto y terminó de secarse con una toalla. Cuando se dio cuenta de que Cristina estaba ordenando su habitación, se preocupó.
— Déjalo ahí, Cristina. Las criadas lo arreglan, voy a trabajar, estar todo el día fuera.
Se quedaría fuera todo el día. ¡Por supuesto! Para él nada había cambiado. Seguiría desapareciendo, llevando una vida de incógnita fuera de casa y... bueno, así era como tenía que ser.
— Te esperé porque creo que tenemos que hablar sobre... — No pudo terminar la oración mientras le entregaba la taza de café.
— Sí, sobre ayer. — Terminó de mirarla condescendiente cogiendo la taza de café. — ¡Siéntate! — Señaló la silla junto a la cama.
Cristina se sentó mientras que él se sentó a su lado, en el sillón que decoraba su habitación y era un de los pocos muebles. En silencio, se tomó el café que ella le dio. Federico no hablaba de eso, Cristina ya se estaba poniendo muy nerviosa.
— Los dos dijimos muchas cosas ayer, Cristina... Esa discusión fue un error, no debería haber sucedido.
— Sí, mucho de lo que pasó ayer no debería de haber pasado, Federico. Cristina dijo con los ojos bajos.
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Las sombras del pasado
Romance¡HISTORIA CONCLUÍDA! Una mujer, dos hombres. El pasado y el presente. Cristina es una mujer que tuvo la vida marcada por las pérdidas y el sufrimiento de que decidieran su vida por ella cuando era solo una adolescente. Años más tarde, se encuentra e...
