🎶 Si quieres te dejo un minuto
Pensarte mis besos, mi cuerpo, y mi fuego
Que yo espero si tardas, porque creo que te debo, mucho
Ahora, que me he quedado solo
Veo que te debo tanto y lo siento tanto
Ahora, no aguantaré sin ti, no hay forma de seguir
Así 🎶
Tanto
Pablo Alborán
***
Cristina se quedó parada en la puerta, mirando a Federico, todavía sin entenderse a sí misma en esa situación. Nunca se había imaginado allí, yendo a buscarlo, pero era justo, no podía dejarlo en la ignorancia sobre ese tema de la plaga que, si no se combatía, tal vez le afectaría más que a ella. Porque era cierto y ella siempre se había dado cuenta de que, para asegurarse de que la Plantanal tuviera una productividad excelente, como siempre había tenido bajo su administración, a veces descuidaba a la Ojo de Agua.
— Creo que nunca me detuve a ver a Ojo de Agua. — Dijo rompiendo el silencio que ya desconcertaba a Federico.
— ¡Pasa! — dijo Federico, tratando de quitar algunas cosas que ocupaban el sofá en la sala de estar. — ¿Estás bien? ¿Te recuperaste del malestar que tuviste ayer? ¿Te fuiste con el médico?
— La respuesta es sí a las tres preguntas, ¡gracias! Todo está bien. — Agradeció ella, entrando a la casa.
— Pensé que no te interesaba la Ojo de Agua. — Dijo Federico.
— Probablemente es porque... nunca demostré interés en tu hacienda. — Lo reconoció Cristina. — A diferencia tuya, que siempre cuidaste mi hacienda como... como si fuera tuya.
— Sí, siempre te diste cuenta de eso. Y una vez me dijiste que lo hacía por ambición. — Recordó el hacendado.
— Lo dije porque... quería escaparme de ti, Federico, ya lo sabes. Además, tu terquedad, la insistencia a que yo despidiera a José María y le diera su posición a Martín...
— También lo hice, en cierto modo, para atraer tu atención. Quería que me prestaras atención, a algo que hacía.
— Yo lo vía. — Cristina le confesó. — Siempre he estado atenta a tu eficiencia y dedicación al trabajo en mi hacienda. Si nunca te agradecí eso, lo que probablemente nunca hice, lo hago ahora, Federico. Gracias por todo lo que te dedicaste a mi hacienda... — bajó el tono como si tuviera miedo de decir eso, pero, agregó — y a mí.
— Qué grosero soy, siéntate, Cristina. — Federico invitó, a lo que ella aceptó y él la siguió, sentándose a su lado. — No tienes nada por lo que estar agradecida. Lo que hice por la Plantanal, como me recordaste hace unos días, fue mi elección, yo quise hacerlo porque me gusta hacer este trabajo, es lo que aprendí de mi padre, lo que sé hacer y me da placer. Además, la Plantanal es tu hacienda. Tiene algo tuyo en todas partes, sería imposible no dedicarme a ella por esa razón. Sabes que te amo, siempre te he amado, desde que era un muchacho y...
— Por favor, Federico, no hablemos de eso. — Le suplicó Cristina interrumpiéndolo
— Por favor escúchame! — Le pidió casi rogándole.
— Está bien. Habla — ella estuvo de acuerdo después de suspirar.
— Siempre te amé desde que era un muchacho y fue allí, en esa hacienda que siempre te vi, tan inalcanzable, tan hermosa. Me acerqué a tu padre porque quería acercarme a ti, ¿sabes? Pero, desde que se murió tu padre, la dedicación que tuve por la Plantanal no fue más que una forma de demostrarte, Cristina, que a ti dedicaría toda mi vida.
Cristina estaba molesta, se sintió un poco conmovida y se levantó caminando hacia una estantería en el salón, de espaldas a él.
— Lo sé, Federico. Lo sé de todas esas cosas. No pienses que no sé cuánto has hecho por mí. Lo mucho que significó tu decisión de quedarse después de la muerte de mi papá. Pero... todo esto ya está en el pasado, no vine aquí para hablar de nosotros.
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Las sombras del pasado
Romance¡HISTORIA CONCLUÍDA! Una mujer, dos hombres. El pasado y el presente. Cristina es una mujer que tuvo la vida marcada por las pérdidas y el sufrimiento de que decidieran su vida por ella cuando era solo una adolescente. Años más tarde, se encuentra e...
