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— Cristina fue a envenenarte con mentiras y tú le creíste. No seas patético, Luciano, Cristina no puede aceptar que tuve una hija y ella no... — Carlota una vez más trató de echar todo su veneno hacia su hermana.
— Pero es todo lo contrario, Carlota, es lo contrario, ¡no seas cínica! — A Luciano ya no le quedaba ni un hilo de duda. — Tú fuiste quien no pudo aceptar que tu hermana tenía una hija y ¡solo hoy me di cuenta!
— ¿Qué te dijo Cristina? ¿Qué te ha inventado ella para ti? Bueno, esa imbécil me amenazó...
— ¡Cristina no me dijo nada! Yo escuché su conversación con Federico. Supe que tuvo una hija cuando era adolescente y que espera que tu se lo digas en dónde está esa niña. Pero qué ingenua es, ¿verdad? ¡No se lo dirás! No se lo dirás por qué no puedes aceptar que Amanda y ella sean madre e hija. Y desde que se conocieron, ¡eso estaba claro! Las dos se identificaron, se amaron como madre e hija desde el principio. Por eso no querías volver, por eso estabas tan asustada de enfrentarte a Cristina.
— ¡Cállate! ¡No le dirás nada a Cristina ni a Amanda! Yo no la robé, Luciano, no la robé. Cristina no quería a su hija y ahora está jugando a la víctima.
— Si ella no quería a su hija, ¿por qué no quieres que le diga nada? ¿Por qué la está buscando? ¿Por qué le tienes miedo a la presión que estás sufriendo por la verdad, Carlota? Pongamos las cartas sobre la mesa y, por una vez, no digas tantas mentiras. ¿Se le robaste a la hija de tu hermana, Carlota? — Preguntó sosteniendo su brazo.
— ¡No! — Le gritó llorando.
— ¿Le robaste al bebé de tu hermana y ocultaste ese secreto por 18 años? ¿ Le gritó imponentemente.
— No puedes decirle nada. ¡No puedes decirle a Amanda!
— ¿Por qué no se lo diría? ¿Por qué yo debería de guardar tu maldito secreto sucio y seguir engañandole a mi hija?
— ¡Por eso! Ella ya no sería tu hija. — Le dijo ella, soltándolo. — Amanda nos odiaría. Eres un inútil que ni siquiera supiste cómo administrar bien nuestro dinero. Estamos en la ruina, Amanda preferiría a Cristina.
— Esto es lo que querías, ¿verdad? Que ella le prefiera a tu hermana por su dinero. Amanda ama a Cristina y eso sin conocer el vínculo que las une. Por supuesto que ella no te perdonará. ¡Pero a ti, Carlota, a ti! Yo amo a mi hija y siempre seré su padre, pero nunca la engañaría así. — No pudo evitar emocionarse. — Amanda será feliz. Ya no elegirás a su novio, a la universidad que estudia o la alejarás de su verdadera madre. Y en cuanto a nosotros... — La miró con desprecio. — No quiero volverte a ver.
Entró a la casa y subió las escaleras, dejando a Carlota desesperada en el patio. Temía que él hablara con Cristina y corrió para alcanzarlo.
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— ¿Qué sentiste? ¿Todavía tienes dudas, Cristina? — Le preguntó Federico, incapaz de escaparse de esa inseguridad.
— Yo sentí tu desconfianza. Y lo sentí en mi piel. Sentí las dudas y la inseguridad de tu parte, Federico. No tenías que actuar de manera infantil si se suponía que todos nuestros problemas se habían resuelto en esa cabaña y aquí, en nuestra casa.
— ¿Así que, el problema soy yo? — El se puso enojado.
— No te alteres, Federico, hablemos. — Ella le pidió.
— Está bien. Perdón. Ven, siéntate aquí. — La llevó a sentarse en la cama y se miraron, tratando de tranquilizarse.
— Siendo completamente sincera, yo esperaba mucho más madurez de tu parte, Federico. Soy plenamente consciente de que no es sencillo para ti encontrarte cara a cara con Héctor sabiendo lo que él representó en mi pasado. No te estoy pidiendo que seas amigo de él, pero actuaste como un adolescente. Ya te dije todo lo que tenía que decir al respecto.
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Las sombras del pasado
Romantika¡HISTORIA CONCLUÍDA! Una mujer, dos hombres. El pasado y el presente. Cristina es una mujer que tuvo la vida marcada por las pérdidas y el sufrimiento de que decidieran su vida por ella cuando era solo una adolescente. Años más tarde, se encuentra e...
