Capítulo 57

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-Sé que te molesta que te trajera conmigo, contra tu voluntad...

Kim dejo salir un pesado suspiro, con sus brazos firmemente cruzados y completamente hundida en el asiento.

Sin intenciones de mirarme...

-Pero podemos hacerlo de la manera fácil, si cooperas conmigo...

-No quiero hablar contigo, Park Jimin. Y tampoco pienso quedarme un segundo más en este carro.

-Bien, entonces bajemos. A ver si te entran ganas de querer hablar dentro de la casa.

Abrí la puerta dispuesto a bajarme.

-¡Llévame a mí a casa, ahora! –Grito.

Con esa mirada de desesperación que solo me dejaba ver todo el mar de nervios que la ahogaba en su cabeza. Clavando las uñas bajo el asiento, Me miro molesta.

-Ah, ¿Entonces prefieres hablar aquí? Sabes que soy capaz, y no me importara si te resistes, te voy a coger aquí mismo si no te bajas y entras a la casa.

Kim salió del carro en un total berrinche, con un molesto puchero y cerrando la puerta fuertemente, Caminando con dificulta haciendo sonar sus tacones hasta la entrada de la casa.

Sonreí, activando la alarma del carro.

Cerré el portón de la entrada con el control, haciéndolo cerrar automáticamente. Decidí traerla a mi casa (mía únicamente) me la había comprado hace algunos años a escondida de mis padres y de Rosé, por el simple hecho de independizarme y tener privacidad.

Casi nunca estoy aquí...

Abrí la puerta de la casa con llave, donde la total oscuridad del interior de la casa nos recibió. Presione el interruptor, viendo que todo estaba perfectamente limpio en su lugar, con varios cuadros nuevos y muebles que jamás en la vida había comprado para la casa.

Suspire, ya mi mamá sabia de la existencia de esta casa, y no me sorprende para nada que venga cada semana a limpiar y a re decorar.

Independizarse secretamente, misión fallida...

Aunque le agradezco, de otra forma, la casa estaría toda sucia y llena de polvo. Y no quiero ni imaginarme como estaría mi única habitación.

-Pasa... –Dije, haciéndola entrar por completo a la casa, cerrando la puerta a mis espaldas. Kim comenzó a observar el lugar, quedándose contemplando como una pequeña niña las fotos mías colgadas en la pared.

De mi bautizo, mi primera comunión y hasta yo de bebé jugando con un sonajero.

O creo que es una maraca... No sé.

- ¿Quieres algo de beber? –Deje las llaves en un plato cerca de la puerta, observándola asentir. Fui hasta la cocina y abrí la nevera.

Me golpee mentalmente la frente al darme cuenta de lo estúpido que soy.

Al ver que no había nada que comer o beber, agarre un vaso de la encimera y lo llene de agua del grifo, pienso que era mejor a que no darle nada.

Fui hasta la sala y le extendí el vaso.

-No he estado aquí desde mis 17 años, así que... perdón –Me hundí de hombros, observándola beber agua- Pero si tienes hambre, puedo comprar algo de comer y volver.

Kim negó rápidamente, moviendo con ella los mechones de su cabello. Un cosquilleo en mi pecho me hizo sentirme nervioso, me encantaba lo linda que es esa niña.

Tan tierna, tan perfecta.

-Bien... ¿Ya quieres hablar? –Pregunte, intentando lo más posible de que mi sonrisa no apareciera, pero fue inútil.

El profesor JeonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora