Capítulo 57.

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LUNES, 10 DE SEPTIEMBRE, 2018

Cuando era niño, era mucho más tímido que en mi adolescencia. Cada vez que alguien intentaba hablar conmigo se trababa mi lengua y mis sentidos dejaban de funcionar.

Eso provocó muchas burlas en ese entonces.

Dakota fue mi amiga casi en el segundo año de primaria. Hablaba con otros niños, pero nunca hubo una amistad como tal.

Cuando Dakota empezó a hablarme, creí que se hartaría de mí y terminaría yéndose. Cuando eso no pasó me sentí afortunado.

Era divertido hablar con ella, jugar con ella y contarnos bastantes cosas. Una vez le había confesado que un niño se me hacía lindo, y su respuesta fue:

—Creí que era la única.

Ambos éramos demasiado inocentes como para malinterpretar mis palabras. Con el pasar de los años, nunca volví a mencionar a ningún niño que me parecía lindo.

Porque empezaba a ver de qué se trataba. La palabra gay era un término en el cual no me gustaba pensar. Toda mi vida, todas las personas me habían dicho que estaba mal. Mis padres, un par de profesores, y por supuesto, la televisión.

Ver a personas gay dentro de la televisión no era más que estereotipos que el resto tiene. Un chiste malo, que hacía reír a muchos. Y que me había indicado que ser gay estaba mal.

Por lo que intenté reprimir esa idea de mi con tantas fuerzas como pude. Nadie me molestó en la escuela, algo por lo que estoy agradecido infinitamente, pero tampoco les agradaba demasiado. Simplemente era un niño que prefería estar alejado de todo eso. Sin embargo, los rumores dentro de la escuela nunca faltaban.

Y el rumor de que era gay llegó alguna vez a oídos de muchos. Al igual que en mi caso, muchos niños habían sido criados con la misma disciplina. Ser gay es malo. Ser afeminado está mal. El color azul es para niños y el rosa para niñas...

Las enseñanzas continúan en una larga lista, que no provoca más que discriminación y miedo.

Un par de niños intentaron intimidarme, y a pesar de ser tímido, lo único bueno que mi padre en mi vida me había enseñado era como dar un buen puño. En el momento en el que derribé al más grande, el resto se alejó. Y yo me fui a casa.

Pensando que lo que pasaba por mi mente era malo. Y que, si no cambiaba, alguna vez alguien iba a acorralarme y no sería tan fuerte como para derribarlo. Y algo malo me sucedería.

Es una mierda pensar en eso, siendo un niño. Y entender desde tan pequeño, que el mundo está podrido.

Me convencí a mí que todos los sentimientos que tenía no eran más que algo pasajero, y que si no desaparecían tendría que ahogarlos.

El colegio para mí, fue toda una nueva perspectiva. Perdí mi virginidad con un chico, me besé con muchas chicas, y fingí algo que no era.

Sin embargo, fui aceptado. Mis padres se emocionaban lo suficiente cuando les contaba de alguna chica con la que me había liado, y mis amigos me aclamaban por eso.

Por lo que, a pesar de todo, mi mente continuaba diciendo que fingir estaba bien. Y que en cuanto estableciera reglas conmigo mismo, nada saldría mal. Qué si fingía durante toda mi vida algo que no era, estaría feliz. Todas las personas lo hacían.

Durante dieciséis años de mi vida, me convencí de que la forma en la que me comportaba y que ser gay estaba mal. Durante dieciséis años, pensé que podía fingir y que sería aceptado. Durante dieciséis años, viví con miedo de lo que podía ser. De ser gay.

Estancado en tu mirada.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora