Capítulo 36.

711 55 13
                                        

SÁBADO, JULIO 28, 2018.

—¿En serio? ¿Otra vez con Noah?

Dakota llevaba puesto un vestido largo y pegado a su cuerpo. Iba mucho más maquillada que lo normal, pero de esa forma se la veía mucho más sería y sexy.

—Alejandra me dijo que puedo jugar con él. Y si te pones a pensar en ello, tiene razón.
—¿Alejandra? —preguntó Dakota sorprendida—. ¿La misma chica que estaba con Noah y qué te hizo la vida imposible por muchos meses?
—Ella es una perra, pero es más inteligente de lo que parece.

Volví a meter una cucharada de helado sobre mi boca.

—Dios, Carven. Ten cuidado en lo que te estás metiendo.
—¿Y en qué crees que me estoy metiendo? —resoplé.

Dakota dejó el tarro de helado, casi vacío, sobre la mesa y me miró. Estaba consciente de que la chica empezaría con sus típicos discursos o algo por el estilo, y mi mente ya era suficiente martirio.

—Vas a salir lastimado. Carven, tu sabes... 
—Dakota, sé lo que estoy haciendo. Preocúpate un poco más de tu vida —respondí enojado. 

La chica se levantó y se acercó para darme un beso en la mejilla. Antes de alejarse de mi rostro, se aproximó a mi oído y susurro:

—Crees que has cambiado y dejaste de ser el niño llorón que eras. Si vas con Noah esta noche, sabre que aún estás aparentando algo que no eres. 

Dakota tomó su bolso y me miró por una última vez, antes de salir de mi casa. No tuve tiempo de responder, pero tampoco estaba seguro de que hubiese dicho.

Traté de controlarme, pero al final terminé golpeando a la pared con mis puños. Me enojaba que Dakota pensara eso de mí, que se enojara tanto. No me gustaba que nuestra relación se fuera a la mierda. Pero a pesar de eso, ella tenía razón. Seguía aparentando algo que no era, como lo había hecho toda mi vida.

Y estaba harto de eso. 

—Carven, ¿vas a salir esta noche?

Samuel se acercó a mí con un vaso de agua en su mano. El chico llegaba de vez en cuando a su casa tanto que verlo me sorprendió. No tenía claro si se quedaba trabajando o estudiando, pero muchas veces durante la semana sentía que era un estorbo en su casa.

—Es solo por un rato en la noche. Trataré de volver lo más temprano, lo prometo.

Samuel me dio una sonrisa.

—¿Quién diría? Tú y yo viviendo en una misma casa. Si te soy sincero, creí que pasaríamos cogiendo como conejos, pero no.

Le tiré una cojín al chico en el rostro.

—Eres un imbécil. 
—Ten cuidado, ¿está bien?

Le prometí que tendría cuidado y que luego de eso regresaría para arreglar la casa. Samuel me dijo que no había necesidad, pero yo sentía que eso era lo menos que podía hacer por vivir con él.

Bajé corriendo las escaleras y vi a Noah arrimado en su motocicleta. Mirándome, con tanto deseo en sus ojos que no pude no corresponderle.

—Hola, David.
—Hola Noah.

En cuanto estuve cerca de él, lo besé. No había visto a Noah desde el baile y luego cuando me había invitado a comer. A pesar de que intenté calentarlo, esa noche Noah se controló. Estaba seguro de que si metía mi mano dentro de sus pantalones en este momento, él no iba  poder resistirse.

Estar conversando con Noah después de tanto tiempo era algo que extrañaba, y que me divertía bastante. Ya era de noche y a diferencia de las anteriores veces que habíamos salido, esta vez no nos importaba que nadie nos mirara.

Estancado en tu mirada.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora