Nota de autor: recomiendo escuchar la canción de ahí arriba antes de leer el capítulo, luego lo entenderán :)
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CAPÍTULO 40
FUEGO
—Estas loco. —Intenté alejarlo pero él presionó más su agarre en mi cuello.
—Suéltala, Sebastián. —Advierte mi padre, colocándole el arma en la frente.
Sebastián me mira, tiene un aire aburrido en el rostro. Sus ojos caen sobre los míos y busca algo en ellos como si quisiera entender algo. Luego baja la vista a mis labios.
—¿En serio te has rendido? —En su pregunta hay auténtica confusión, vuelve a verme a los ojos.
—Sabes que soy peligrosa para ellos.
Él entrecierra sus ojos, quizá esperando que algo en le indique que estoy actuando. Cuando nota que no lo hago suspira profundamente.
Coge el arma de mi cinturón y me apunta la cabeza quitándole el seguro.
—¿Qué crees que haces, Bast? —Tenso la mandíbula.
—El primero que me toque le pego un tiro a vuestra heredera de mierda. —Advierte Bast con total tranquilidad.
—¡Bast! —Me quejo mirándolo como si tuviese una tercer cabeza.
—Aún siento como me apuntan. —Advierte con tranquilidad. Mi padre hace una seña y todos dejan de apuntarlo. —Que amable, Abraham.
—No la dañarías. —Dice mi padre mirándolo con desconfianza.
Bast enarca una ceja en su dirección con total aburrimiento y luego me mira a mi. Siento la punta del arma impactar contra mi mejilla con fuerza, inclino mi cabeza hacia un costado llevando la mano a mi mejilla donde por el impacto me he mordido el labio y ahora me sangra.
—Pues que pena que no me conozcas, Abraham. Cuando no he dormido mis ocho horas ni tampoco me he alimentado mi empatia se va un poco al desagüe. ¿Quieres probar que más soy capaz?
—¿Qué mierda estas haciendo, Bast? —Presiono los dientes con fuerza, intentando mantener la calma.
—Un secuestro— contesta como si nada.
—Hija... —Advierte mi padre.
—No hay tiempo para amenazas, adiós, si alguien se interpone en mi camino le daré un disparo en la rodilla. Y la derecha, donde le tendrán que apuntar la puta pierna.
—Bast...
—Cállate.
Me coge del borde de mi chaqueta y presiona el arma en mi cabeza.
—¡Papá! —Me quejo.
—Donde sea que te lleve te encontraré. —Responde él.
Bast me saca de la sala. Me cruzo a muchos gorilas que nos abren camino con precaución, Bast con descaro le sonríe con rebeldía mientras sigue caminando. Cuando estamos afuera me sube a su coche y luego se sube a él.
Cuando cierra la puerta del coche dejándonos adentro, advierto.
—Sea lo que sea que planees te arrepentirás por el puñetazo que me has dado, idiota.
—¿Así le hablas a tu secuestrador, Amber? —Inclina su cabeza aún costado.
—¡Deja de juegos!
—Okey.
Y entonces me golpea la cabeza contra algo, dejándome caer en la oscuridad.
(...)
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Bast
ПриключенияBast era muy distinto a los demás. Y no lo decía en el sentido figurado, de hecho, a parte de tener un físico envidiable, personalidad llamativa, una inteligencia inigualable y una increíble capacidad de dejarme sin paciencia en menos de tres oraci...
