Ambrose Dash
Al escuchar mi nombre me sorprendí, y al parecer la mujer también porque corrió a sostenerme cuando mis piernas no dieron para más, tenía la vista nublada y mi respiración era débil.
—Debemos llevarla con los doctores inmediatamente, allá podremos hacer lo que teníamos planeado hacerle aquí —escuché decir a la mujer que me sostenía.
Luego llamaron a un par de guardias, estos entraron al salón y me escoltaron hasta las puertas de donde habían salido aquellas mujeres.
Ahí fue donde perdí el conocimiento.
.
Desperté en lo que parecía ser la habitación donde había despertado horas antes, tenía una vía, la cual contenía un suero azul, éste entraba en mis venas de la mano derecha para luego recorrer todo mi sistema.
Traté de levantarme, ayudándome con los brazos, pero el derecho dolió demasiado y caí abruptamente sobre la cama.
Guié mi mirada hacia mi brazo y me sorprendí al darme cuenta de que estaba vendado, con movimientos rápidos y desesperados traté de quitarme el vendaje, pero entonces Aiden Finnes entró a la habitación, seguido de un guardia robusto de piel oscura y corte militar.
El chico traía una bandeja en las manos. Se acercó a mí y depositó esto en mis piernas con delicadeza.
Yo sólo lo miraba detenidamente, tratando de encontrar algo, no sabía que... algo en lo que me pudiese apoyar para salir viva de toda esa locura. Así que mantuve mi expresión seria, inescrutable.
—Necesitas comer, Ambrose —indicó Aiden Finnes en tono calmado —. Por esa razón te desmayaste, no te estás alimentando bien, los médicos me informaron que tienes las defensas bajas.
—¿Qué me pasó en el brazo? —pregunté, desviando mi mirada de él hacia la bandeja. Había puré de papas, pollo y ensalada, acompañados de un pudín de chocolate y un vaso de jugo de naranja supuse.
—Te implantaron un dispositivo que nos permita ubicarte en todo momento y ver como tu sistema recibe el tratamiento —explicó, como si eso fuese lo más normal del mundo.
—¿Me estás diciendo que tengo las defensas bajas, pero aun así tu gente metió un dispositivo en mí, haciéndome botar sangre y dejarme una herida que no me permite ni mover el brazo? —No pude evitar sonar alterada, cada cosa que salía de su boca era totalmente desquiciante, pero más desquiciante era su calma al decirlas.
Apretó su mandíbula y observó la venda en mi brazo.
—Así es —afirmó, mientras se metía las manos en los bolsillos, me miró a los ojos nuevamente —, y varias personas perdieron su trabajo por eso. No puedo volver a poner tu vida en riesgo.
—¿Qué quieres decir?
—Que eres una de las cinco, Ambrose, de hecho, la primera —explicó con expresión bastante seria —. No puedo darme el lujo de perderte.
Fruncí el ceño. Mi cerebro se había paralizado, ¿la primera? ¿Qué diablos eran las cinco?
—Come —dijo y salió de la habitación con el guardia pisándole los talones.
Por primera vez miré la comida con recelo, pues ésta siempre había sido algo por lo cual estar agradecida, ya que cuando faltaba en la mesa de casa veía a mamá desesperarse, llorar, caminar en círculos e ingeniárselas para resolver todo. Sólo diré que luego de la muerte de papá vinieron muchos problemas, teníamos miles de deudas, mamá estaba enferma, había hombres persiguiéndonos, yo tenía muchos traumas con los que lidiar y Cina estaba creciendo en medio de las llamas del infierno. Nunca me atrevería a decir que éramos débiles, mucho menos felices.
Tomé el cubierto y me llevé un bocado de puré de papas a la boca, luego pollo, y bien, no podía negar que la comida sabía deliciosa, nunca había probado algo así. En casa los enlatados y vegetales eran lo único que nos permitíamos comer, aun así, mamá se las ingeniaba para que todo supiera rico, pero lo que estaba comiendo justo en ese momento era de otro nivel.
Tal vez puedas darles esta vida a tu madre y a Cina.
Claro, si no mueres antes.
Meneé la cabeza, tenía que escapar de aquella jaula de oro. Si lograba sobrevivir mi familia empezaría a vivir como las familias élites, pero la probabilidad de que eso pasara era casi nula.
Casi.
Pensé en si aferrarme a eso sería sano, si no sería una locura. Pues, ya estaba ahí, lo único que me quedaba era ser fuerte y vivir para proteger a mi familia, o escapar y someterlas a vivir como prófugas por el resto de sus vidas, haciéndolas así aún más miserables.
Jane entró a mi habitación luego de unas horas, para decirme que el amable Aiden Finnes me había dado el día libre, eso quería decir que podía escapar de todas las actividades que hubiesen planeado para las capturadas durante lo que quedaba de día. Eso me dio tiempo para pensar en lo que haría, y mis opciones se redujeron a una:
Salvarme, y salvar a mi familia. No había otra.
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La Captura
Science FictionAnualmente son capturadas doce jóvenes de todas las partes del país. Serán sometidas a pruebas para transformarlas en fenómenos con habilidades que ayudarán en una guerra eterna. Este año será diferente, pues una de ellas tendrá la oportunidad de ca...
