Ambrose Dash
A las siete ya estaba enfundada en un vestido rojo, con cuello V y mangas largas, con su falda corte imperio que me llegaba por debajo de las rodillas y tacones, bastante incómodos, negros de tacón aguja. Mi cabello estaba suelto, pero no desastroso como acostumbraba a estarlo.
Vissel me acompañaba hasta las puertas de cristal más grandes que había visto en mi vida. Al parecer era la entrada del Círculo Dorado, como una vez lo había llamado el señor August Finnes y como estaba grabado en el suelo de la entrada.
—Sé que no lo pidió, pero igual le daré un consejo —dijo Vissel, sorprendiéndome un poco —. Sea inteligente, no diga nada que puedan usar en su contra, aquí todos tratarán de encontrar incapacidad o cualquier cosa mala para decirle a los Finnes que usted no es suficiente para seguir en esto, y ya sabe que sólo hay una forma de salir, ¿no?
Las palabras de aquel señor se sintieron como un balde de agua fría, e hicieron que mis nervios se acrecentaran. Claro que había sólo una forma de salir.
—Entiendo —susurré, más para mí que para él. Pero me detuve, extrañada —. ¿Por qué hace esto? No es la primera vez que hace esto. El otro día, junto a Jane...
—Hemos visto morir a muchas jóvenes con gran valor a manos de los Finnes y las personas que están a su alrededor —admitió con voz baja —. Simplemente no queremos sentir el peso de una muerte más sobre nuestros hombros.
—Esto no es su culpa —dije, antes de entrar completamente sola al edificio y poder localizar a Aiden.
Estaba conversando con un grupo de señores que oscilaban entre los 45 y 50 años, todos lucían trajes impecables y relojes costosos, con zapatos pulidos a más no poder.
Parecía bastante interesado, y debía estarlo, August Finnes lo observaba desde otro grupo de personas, en el que se encontraba Captian. Al ver al último mencionado mi mente amenazó con olvidarse de la conversación que acababa de tener con Vissel. Las ganas de golpearlo hasta que me dijera dónde o en qué estado estaba Kristen me sobrepasaban.
—Deja de mirarlo así —La voz del rubio sonó bastante cerca. Parecía estar entretenido por mi comportamiento mientras se acercaba con decisión hacía mí.
—¿Para qué estoy aquí? —pregunté mientras veía a mi alrededor. Realmente me sentía fuera de lugar, no porque aquellas personas valieran más que yo, sino porque todas esas mentes funcionaban totalmente diferentes a la mía, aquellas eran retorcidas, no sentían culpa, no tenían escrúpulos.
—Sé paciente, ya va a empezar la cena —dijo él, viendo hacia el frente también.
—¿Qué hacen en estas reuniones? ¿Acordar asesinatos y así? —solté con algo de diversión, no porque disfrutara de lo que hacían, sino porque me sorprendía muchísimo que ese tipo de cosas eran comunes en su círculo social.
—Cuida tus palabras, Dash.
—¿Por qué me llamas...?
La voz del señor August Finnes me interrumpió, estaba de parado al pie de las escaleras, prácticamente en el centro de todo.
—Bienvenidos ciudadanos de Lenos —La voz de este hombre era bastante grave, imponía respeto, rozando el miedo —. Estamos aquí reunidos para celebrar el cierre de la primera fase.
Por mi mente pasaron muchísimas ideas, pues la última vez que había celebrado con él el inicio de algo mi vida se sumió en el desastre más grande que jamás había experimentado, ¿y ahora qué? Resultaba que eso sólo era el inicio.
Sentí como todas mis extremidades se tensaron, trataba de disimular lo que estaba pasando en mi interior, pero al parecer no fue suficiente.
—Ambrose —La mano de Aiden se posó sobre mi hombro, lo que me hizo voltear a verlo.
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La Captura
Science FictionAnualmente son capturadas doce jóvenes de todas las partes del país. Serán sometidas a pruebas para transformarlas en fenómenos con habilidades que ayudarán en una guerra eterna. Este año será diferente, pues una de ellas tendrá la oportunidad de ca...
