26. Acción y Reacción

1.2K 132 5
                                        

Ambrose Dash

—¡Feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños a ti! —repetí mientras entraba al salón de espejos con un pequeño pastel de frambuesas con una velita, Kristen estaba a unos pasos atrás con un vestido en sus manos, era celeste corte imperio de tirantes, con tela algo parecida a la seda, tenía pequeñas perlas en el borde de la falda y pequeños detalles en el corset que parecían olas.

Los ojos de Cina estaban iluminados, y creo que jamás los había visto así de radiantes.

Ella aún estaba acostada, así que forzosamente logró incorporarse y sonreír con total sinceridad. Medí la fuerza y estabilidad que tenía para ver si sería buena idea tenderle el pastel junto a la velita. La examiné y sinceramente parecía estar mucho mejor, así que se lo tendí.

—¡Feliz cumpleaños, Cina! ¡Feliz cumpleaños a ti! —terminé antes de que ella pudiese soplar la velita.

Me esforzaría por mantener su rostro así, con una gran sonrisa, ya habíamos pasado por mucho. Era hora de respirar.

.

—¡Ambrose! —gritó Aiden al tiempo que yo corría con el arma en mi mano.

No sabía que los pasillos del sótano del Círculo Dorado serían tan largos; me daba la sensación de que tenía horas y horas corriendo y aún no conseguía al dueño de la voz.

Paré frente una pequeña puerta y tomé aire. Miré mi ropa, causándome arcadas. Llevaba uno de esos chalecos negros con bordes dorados, pantalones del mismo color y esas botas que pesaban más que yo. Mi vestimenta era bastante parecida a la de los custodios, y realmente detestaba que dentro de unos minutos todo Lenos me observaría vestida como uno de ellos... como si estuviese orgullosa de formar parte.

—¡No sé dónde coño estás! ¡Sal! —grité con frustración.

Segundos después el rubio salió de uno de los tantos pasillos y me observó con detenimiento. Él vestía igual, y por alguna razón, se veía más grande que de costumbre.

—Hay que ver que eres bastante lenta —tajó mientras se aproximaba a mí para tomarme de un codo y arrastrarme por uno de los corredores.

Sus pasos eran rápidos y decididos, lo que me obligaba a correr durante un instante y volver a mi caminata apresurada.

—Puedes caminar más lento, eso no te va a hacer menos capaz, ¿sabes? —escupí con odio, me sentía tan humillada.

—Oh, claro que me hace menos capaz —argumentó mientras se detenía y me rodeaba con ambos brazos por debajo de los glúteos —. La impuntualidad es cosa de mediocres.

Terminó de alzarme y me dejó sobre su hombro.

Cada palabra que soltaba aquel chico me daba más razones para odiar al imbécil de August Finnes, pues aquel hombre había criado a una copia de sus peores versiones; ahora otras nueve chicas y yo teníamos que lidiar con ello.

Aiden caminó por unos minutos, cuando se detuvo levanté mi torso y me giré sobre uno de mis hombros para poder observar que era lo que el chico tenía al frente. Estábamos parados frente a unas rejas bastante gruesas, las cuales empezaron a descender luego de unos pocos segundos. El rubio dio unos pasos adelante y se detuvo.

Justo cuando iba a preguntar por qué nos habíamos detenido un vehículo negro con llantas gigantes y una forma algo cuadrada se detuvo frente a nosotros. Un guardia se bajó del otro lado de éste y lo rodeó hasta llegar a una de las puertas traseras.

—Puede subir, señor —dijo, tratando de esconder una sonrisita.

—Creo que tus empleados no te respetan —susurré divertida antes de que Aiden me bajara.

La CapturaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora