Capítulo 34

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¿Estás loco?


"No tengas miedo, ya pasó".

Entonces, Mangel lo tomó en sus brazos y lo abrazó con fuerza. Al abrazarlo, sintió que su frío corazón se calentó de cariño.

Por su parte, Rubius trató de zafarse de su agarre, pero no pudo. Poco a poco se fue calmando y le preguntó: "¿Mangel? Por favor, primer suéltame...".

Pero Mangel lo ignoró y en vez de soltarlo, lo cargó. Firmemente le insistió: "¡Te llevaré a un hospital!".

Mientras tanto, Lolito temblaba de la ira en su sombrío escondite. ¡Había hecho todo lo posible para arreglarlo todo y que él pudiera ver a Rubius siendo ultrajado por esos hombres, no para que resultara siendo el héroe de la noche! Al final se dio cuenta de que había subestimado lo que Mangel sentía por él.

No muy lejos de ellos se encontraba estacionado un viejo Maybach negro. Era el auto de Samuel, quien estaba en su interior mirándolos con una expresión sombría. Sobra decir lo molesto que estaba en ese momento.

Él llegó justo después de que Mangel salió del auto e hizo todo lo que pudo para aguantarse las ganas de salir a defender a Rubén también. Desde la distancia, no tuvo más remedio que ver cómo Miguel se convertía en el héroe, y luego lo miró mientras sostenía a Rubén entre sus brazos y como compartía momento tan íntimo con él.

"Bueno, al menos es un alivio que el joven Rubén esté a salvo".

Sentado en el asiento del conductor, Andrés dejó escapar un suspiro de desahogo. Él había estado listo para correr al rescate de Rubén, pero no lo hizo porque su jefe no le dio el consentimiento y no se atrevió a actuar precipitadamente.

¡Qué fiasco! Su jefe había perdido la oportunidad de ser el héroe ante Rubén .

Samuel no dijo nada, sino que encendió un cigarrillo, entrecerró los ojos y le ordenó a su asistente: "Haz que alguien vigile de cerca al responsable de todo esto".

En ese instante, Andrés recordó a Lolito, el hombre que estaba escondiéndose en las sombras y le respondió a su jefe: "Como usted ordene, señor Samuel".

En el hospital, Rubius fue obligado a hacerse un chequeo completo. Por fortuna, no tenía heridas graves más allá de los moretones, pero aun así el doctor le pidió que pasara la noche en el hospital para prevenir cualquier cosa.

Mangel se sentó junto a su cama y lo miró con expectativa. Finalmente, decidió preguntarle, "¿No tienes algo qué decir, Rubén?".

"¿Qué es lo que quieres escuchar?", le dijo el, sosteniéndole la mirada. "Una vez dijiste que 'las moscas siempre se posan sobre los huevos podridos', algo mal tengo que haber hecho para que esas personas trataran de hacerme daño, ¿no es así?

¿Eso era lo que querías escuchar, señor Miguel?".

Él lo escuchó y no pudo soportar la humillación a la que él había sido sometido por su culpa. "Rubius, sabes que eso no es lo que quiero escuchar".

"Lo siento, pero no puedo leer tu mente, ¿cómo quieres que adivine tus pensamientos?".

"Te salvé, Rubius, ¿no crees que merezco un 'gracias', por lo menos?".

Pero el no solo le agradeció, sino que se burló de él al torcer sus palabras en su contra.

"Gracias", espetó el rápidamente y apartó la mirada.

El rostro de Mangel se encogió de decepción. "¿Así es como pretendes agradecerme?"

"¿De qué otra manera quieres que te agradezca?

Los besos de SamuelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora