capítulo 5

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El conde en el pasado. O sea que ahora tenía literalmente SIGLOS para pensar una forma satisfactoria de matarme.

Genial.

Xemerius escupió un pequeño charco del que nadie pareció percatarse sobre el pavimento.

...

-Pero… Entonces probablemente muera antes de llegar al presente, ¿no?-pregunté. Estábamos sentados en la gran mesa de la Sala del dragón Mr George, Falk, Gideon y yo, y Xemerius, que lo escuchaba todo desde el centro de la mesa, desde donde me decía preguntas que podrían resultar interesantes.

-No, hasta que tú no nazcas no será mortal de nuevo. Eso está muy claro en las profecías. Tanto en las ocultas como en las otras.

Ay, Dios mío. Cuándo iba a acabar esto…

-Ahora elapsaremos con el otro cronógrafo, pero deberíamos intentar encontrar la ubicación de ese cronógrafo en la actualidad…-comentó Gideon pensando en voz alta.-Aunque primero debemos encontrar el paradero del conde, especialmente en la actualidad. Tal vez sea mejor intentar averiguar a qué año ha ido y desde ahí seguirle la pista…

Su voz fue disminuyendo de volumen hasta quedarnos en silencio. Era algo imposible, Mr Witham podía estar en cualquier lugar del mundo en cualquier instante de la historia, lo que hace imposible su busca y captura. También podíamos ponernos en el mismo lugar en el que las cámaras de seguridad habían grabado a mi ex.profesor meter el dedo en el cronógrafo pero en el pasado, y esperar a que apareciera. Pero no era una técnica demasiado buena.

-Bueno-dijo Mr George al ver que nadie daba mejores ideas.-Creo que será mejor que vosotros dos vayáis a elapsar, mientras Falk y yo nos encargaremos de convocar al resto de los Vigilantes.

...

Embutida en uno de esos sosos vestidos pastel de 1912, este de muselina rosa bebé con lazos crema y encaje blanco en las mangas, me despatarré en el interior del coche que nos había recogido en Temple para llevarnos a casa de Lucy y Paul. “Mis padres” pensé para mis adentros. Aún no habíamos ido a darles la noticia de que todo había salido bien, pero ahora esa noticia no tenía mucho sentido. Volvíamos a estar exactamente en el mismo sitio que  hacía semana y media, salvo porque ahora el conde era incluso más peligroso.

Me quité uno de los pasadores del complicado moño y me dediqué a juguetear con él, pasándolo entre mis dedos. Gideon parecía inmerso en sus pensamientos, con el ceño tan fruncido que sus cejas estaban a punto de juntarse, y apenas había dicho nada desde que habíamos salido del sótano. Aburrida, saqué el móvil del escote del vestido.

-¿A quién conoces en este año para escribirle?-preguntó Gideon divertido, saliendo de sus pensamientos profundos.

-Estoy haciendo una lista de cambios que deberíamos hacer. Par seguridad, y eso.

Ya no parecía tan divertido.

-¿Y qué llevas escrito?

-Bueno, para empezar que no volvamos a aparecer en el sótano de temple de ningún año. Es el sitio más obvio para que Mr Witham intente hacernos algo ciando aparezcamos en vete tú a saber qué año.

-No está mal.

-Elemental, querido Watson.

-Creo que deberías dejarme ser Sherlock a mí.

-¿Por? Tienes algo en contra de que las mujeres adopten cargos imporantes?

-En absoluto. Pero… ¡Mira, ya hemos llegado!

-Y ya has cambiado de tema…-dije por lo bajo. Pero Gideon me ayudó a bajar del coche y me tomó del brazo para ir a la puerta de la casa de Lucy y Paul, así que no pude decirle nada más. Nada más llamar a la puerta el mayordomo y el mayordomo abrirla escuché pasos apresurados por la escalera y Lucy se plantó ante nosotros, pálida, y tras un instante de duda, se lanzó a mis brazos.

-¡Menos mal que todo ha ido bien! ¿Qué pasó al final? ¿Intentó algo el conde? ¿Qué…

Paul apareció de la nada desde detrás y empezó a acariciarle la espalda con cuidado.

-Vamos al salón, nos lo tenéis que contar todo-dijo, y me dirigió una sonrisa suave que se tensó un poco al ver que Gideon aún me tenía sujeta de la mano. Oh, no fastidies. Otro familiar sobreprotector a añadir a la lista de Falk-que no nos quitaba el ojo de encima en cuanto nos veía juntos-, la abuela, Tía Glenda, etcétera.

-Todo fue según lo planeado.-dijo Gideon nada más sentarnos en el sofá.

-Pero… no sé bien cómo…-empecé. Me quedé a medias, no sabía cómo decirles que ahora ni ellos ni nosotros estábamos a salvo.

-Tomad-dijo Gideon.-Es una carta de tío Falk-explicó. Y luego me tomó la mano y empezó a trazar círculos lentos en el dorso, mirándome para tranquilizarme.

-¡¿Qué?!-dijo Paul, su voz asfixiada.-¡No!

Su rostro se iba poniendo cada vez más pálido, y su boca era una fina línea blanca.

-¿Cómo han podido ser tan descuidados?

-He de admitir que yo dije exactamente lo mismo-dijo Gideon. Paul le pasó la carta a Lucy, que estaba ansiosa por ver qué había pasado y ninguno sabía muy bien cómo decírselo.-Pero yo solté un par de tacos, también-añadió por lo bajo. Se me escapó una risa.

...

Al final de la tarde me dolía la cabeza a más no poder. Nada mas entrar en el coche apoyé la frente en la ventanilla y cerré los ojos. Nos habíamos pasado toooda la tarde discutiendo posibles estrategias, lugares (más bien momentos) en los que el conde podría estar y a quién podíamos implicar. Lucy no había parado de hablar por los nervios, y al final los nervios que yo llevaba horas tratando de contener también habían salido a la luz y yo también me había puesto a hablar como una cotorra. Gideon y Paul hacían lo posible por calmarnos, y al final a todos nos había dado la risa floja y Lucy se había echado a llorar. Una tarde fantástica, vaya.

Pero lo peor estaba por venir: nada más llegar a Temple encontramos a Falk con la noticia de que… ¡esta noche había fiesta! Bueno, una cena en el Ritz con todos los Vigilantes que querían seguir en la logia a la que Gideon y yo teníamos que ir. Xemerius me vio recibir la información partiéndose de risa conforme mi expresión pasaba a ser de incredulidad a enfado, de enfado a miedo, y de miedo a absoluto espanto. ¿Es que nadie se ha dado cuentos todavía de que era lunes y mañana había clase? Y, si Madame Rossini me iba a elegir la ropa, ¿cómo diablos se supone que iba a aguantar toda la noche con los altíiiiisimos tacones que seguro me esperaban en su taller? Miré a Gideon esperando un poco de solidaridad, pero sólo me sonrió y, al caer en la cuenta de que estaba pensando en los tacones… se rió de mí en mi cara.

Genial.

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Dos cosas: lo siento por tardar tanto y lo siento por esta mierda de capítulo. Pero… la semana que viene no tengo nada de esa HORRIBLE tortura también llamada exámenes, así que en principio podré escribir un capítulo más largo y muy interesante. No demasiado desde el punto de vista de aventura, pero sí desde el punto de vista Gideon-Gwen… no digo más, si no os estropearé la sorpresa XD
Besos!

DIAMANTE -borradorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora