capítulo 13 (o 7, como prefiráis)

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Caí en mi silla segundos después de que la campana que anunciaba el inicio de la primera clase del día sonara por última vez, entre jadeos y con la cara roja como un tomate. Me había tomado tanto café en el Ritz que probablemente me daría una taquicardia, pero al menos no me quedaría frita durante las clases.

Mi prima me fulminó con la mirada ante mi poco elegante entrada en el aula, pero pasé de ella. Empezaba a acostumbrarme a no hacerle ni caso. Leslie me dirigió un mirada de curiosidad desde su asiento un par de filas delante, que devolví en forme de un sonoro bostezo y un "luego te cuento" vocalizado. La profesora entró con su fajo de libros en la mano y nos hizo guardar silencio, sumiéndose en un eterno monólogo sobre las declinaciones alemanas que por pocas acaba con los restos de mi integridad moral. Al rato, cuando me estaba maldiciendo a mí misma por haberme levantado de la cama, un buen chorro de agua cayó entre mi pupitre y la silla de Raphael, que se sentaba justo delante. Me sobresalté.

-¡Xemerius!-suerte al ver al daimon sobrevolando el aula.-¿Dónde has estado?

Estaba en la esquina del fondo de la clase y Alice, mi compañera habitual de pupitre, no había venido a clase, así que no había peligro con que me vieran hablar sola. Sólo Raphael se dio la vuelta y me miró con cara rara, pero Frau Keller le llamó la atención y se dio la vuelta de nuevo.

-Haciendo cosas interesantes. Pero no más que tú, por lo que veo...-soltó dándome una fría y húmeda caricia en el cuello. Llevé la mano allí como para quitarle las zarpas de encima, pero, obviamente, no le rocé. Entre carcajadas, el pequeño maldito se las arreglo para subir al techo y balancearse del tubo fluorescente mientras cantaba su estúpida cancioncilla.

-Gidi y Gwendolyn se besan bajo la cornisa, mientras Xemerius se parte de risa. Gidi y Gwendolyn se besan bajo la cornisa, mientras Xemerius se parte de risa...-Le hice un gesto amenazador para que se callara.-Espera, que me estoy inspirando... La chica de la blusa amarillo pipí fue acompañada por el joven que necesitaba ir urgentemente al peluquero a...¿dónde fue, cielo? ¿Su casa? Oí algo sobre el Ritz mientras averiguaba cosas interesantes en el Temple...

Le fulminé con la mirada.

-¿Señorita Sepherd?-preguntó entonces Frau Keller.

-¿Qué?-solté sin pretenderlo. Oh, mierda. La boca de la profesora de alemán se convirtió en una fina línea blanca.

-Preste más atención durante las clases, por favor, Señorita Sepherd.

Mierda. Charlotte me dirigió una mirada de autosuficiencia desde su asiento. Me contuve para no sacarle la lengua.

-...y entonces el joven que necesitaba ir al peluquero la besó como si no hibiera un mañana...

Xemerius seguía hablando como si nada desde la lámpara, fingiendo secarse lágrimas de emoción. Le dirigí una mirada asesina e hice el gesto de cortarme la cabeza. Leslie estalló un par de filas por delante, aunque escondido sus carcajadas con una tos, y Raphael se dio la vuelta para mirarme como si estuviera loca. Puse los ojos en blanco.

No, realmente, levantarme había sido un grandísimo error.

-Gwendolyn, entiende que tengo que hacer bromas sobre esto, ¡es necesario!-dijo la gárgola bajando y apoyándose en mi mesa.

-O me cuentas lo interesante que has hecho esta noche o sales de la clase ahora mismo. Era el trato, ¿recuerdas? Puedes estar conmigo si estás lejos de mi vista durante las clases, cuando...

-Cuando estés en el baño y dándote el lote con tu piedrecita, ya lo sé. Entonces, ¡ciao, bella! ¡Nos vemos en el recreo! Vera a ver si puedo averiguar algo más para esa hora... Por cierto, creo que debería cambiarle el nombre. Ahora, el chico que debía ir urgentemente al peluquero se llamará... ¡Drácula!

Y antes de que pudiera hacerle nada (algo imposible aunque no se hubiera largado), salió por la ventana batiendo las alas y lanzándome un beso al estar fuera de mi alcance.

-¡Señorita Sepherd! ¡Dos veces en una clase es demasiado! ¡Venga a verme al acabar las clases!

Oh, no.

No debería haberme levantado nunca.

...

-Te lo juro, cuando te he visto haciéndole señas a esa mascota tuya ¡por pocas me muero de risa!-dijo Leslie entre risas agarrando su abrigo. Raphael, como buen hermano de Gideon que era, se lo quitó de las manos para sujetárselo y ayudarle a ponérselo.

-¡No soy tu mascota! ¡Díselo de una vez!

-Ni hablar, te lo has ganado-le contesté a Xemerius. Este hizo una mueca, pero me siguió aleteando mientras bajaba las escaleras que llevaban al patio.

-¿Vais a hacer algo interesante o me voy a jugar al fútbol?-preguntó Raphael. Leslie me miró interrogante. No me había contado cómo había ido su cita con Raphael, y yo también tenía que comentarle un par de cosas. Pero primero teníamos que discutir sobre su plan genial.

-No, quédate. Tenemos que hablar de una cosa.

-Ah, mi hermano te contó lo del plan, ¿no?

-Buena deducción, Sherlock. Si tú también lo sabes, por favor que alguien me lo diga antes de que me mira de curiosidad, plis-solté.

-Gwenny, cariño, creo que estás de mal humor porque has dormido poco. ¿Algo que deba saber?

No sé cómo lo logré, pero pude mantener una expresión medianamente seria e inexpresiva sin sonrojarme demasiado mientras contestaba.

-La cena acabó muy tarde. Me llevaron a una habitación del Ritz cuando me quedé dormida en el bar.

Raphael se empezó a partir de risa.

-¿De verdad que hiciste eso?

-Sí. Ahora, por el amor de Dios, decidme el maldito plan.

Nos sentamos en nuestro banco preferido, al sol frío pero brillante de la mañana de abril, y saqué el cruasán y el café que había comprado en el comedor para empezara morderlo con desgana. Todavía tenía las uñas pintadas del beis verdoso de la noche anterior.

-Verás-empezó Less visiblemente emocionada.-A Raphael se le ocurrió hacer una criba de los años que es más probable que haya huido nuestro querido ambos yo, y a mí se me ocurrió cómo hacer esa criba.

-¿Y cómo es?

Mi amiga sonrisa abiertamente con los ojos brillantes, visiblemente orgullosa de su idea.

-Me he dado cuenta de que, en la clase de historia y en la de inglés, Mr Witham prestaba más atención a unos años que a otros, a unos lugares más que a otros. A ciertas etapas de la edad media, por ejemplo, o le dedicó más clases a Enrique XVIII que a la revolución francesa. ¿No tendría cierta lógica que hubiera huido a una de esas épocas?

Fruncí el ceño mientras procesaba la nueva información. Pero realmente tenía sentido.

-Veamos. Entonces tenemos el reinado de Enrique octavo, también el de Isabel primera, aunque realmente creo que es demasiado machista para haber ido a esos años. Y también...

Leslie y Raphael se miraron, divertidos. Y Less hundió la mano en su bolsillo. Sacó un folio doblado y me lo tendió.

-Aquí está la lista. Añade o quita cosas si quieres. Y ahora, Raphael, lárgate, que tengo curiosidad por saber en qué momento de la aburiiiiiiiida cena apareció ese chupetón en el cuello de Gwenny.

DIAMANTE -borradorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora