especial Gideon 27 K

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24-8
Ehm...si, no es un capítulo. Necesito descansar. Pero ya tengo wifi. Estoy escribiendo como una loca.
Este especial tratará sobre...su primera vez. Sí, me lo ha pedido bastante gente. @_dorotea_ , @AimeeTapia y @ElaDiez (mi memoria es pésima. Tengo apuntada a AimeeTapia. Pero no me fío ni de lo que tengo apuntado. Si la idea era de alguien más, que lo diga. Y si no es de alguna de las que he dicho, lo mismo). Hasta ahora no había tenido ánimos de escribirlo, pero creo que las ST están ejerciendo una mala influencia sobre mí. Ahí lo dejo.
Pues para todas ellas y para Aroa, Citlali y Tania.
Almas inocentes, abstenerse.
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El momento en que me di cuenta de que Gwen estaba dormida, me dio la risa. Tío Falk me miró, asustado, y me dio un par de palmaditas en la espalda, mientras yo escupía tosiendo de nuevo al vaso el trago de Gin Tonic que acababa de beber.

-¿Estás bien?

Asentí como pude y mí tío volvió a sumirse en una aburridísima conversación sobre no se qué de unas acciones. Esperaba que al menos alguno de los otros grupos estuvieran hablando del conde. Si no, esa pérdida de tiempo no habría servido para nada.

Volví a mirar a Gwen, los ojos cerrados, la cabeza apoyada en uno de los lados del respaldo, las manos cruzadas en el regazo.

-Si me disculpan-dije bajito, y me levanté en busca de Mr George. Con suerte, él me dejaría llevarla a casa. Eran casi las dos y media, y había tenido clase, aparte de todo lo que había pasado las últimas semanas. Se merecía un buen descanso. NOS merecíamos un buen descanso.

-Mr George-dije tocándole en el hombro disimuladamente. Él me miró, sorprendido, se disculpó ante el grupo de hombres y se giró hacia mí.

-¿Qué pasa?

Me limité a señalar a Gwen, que incluso desde lejos se veía tranquilamente dormida. Mr George sonrió, una sonrisa paternal y amable.

-¿Porque no le dices a tu tío de llevarla a casa?-sugirió.-No, mejor simplemente pide una habitación y llévala allí.

Asentí, conforme, y me dirigí de nuevo a la mesa en la que ella estaba sentada. Por suerte estaba en una zona en la que no había mucha concentración de Vigilantes. Si es que no se habían dado cuenta de que estaba tranquilamente dormida ya. Se lo dije a tío Falk disimuladamente. Desde luego, los Vigilantes tenían a Gwen en tan baja estima que el hecho de que se durmiera no cambiaría nada, pero mejor trasladarla disimuladamente.

-Llévatela, y luego vuelves. Intenta que no se den cuenta de que habéis desaparecido.

-Está bien.

Tío Falk se volvió a su grupo de Vigilantes, y yo me dirigí a Gwen y la alcé en vilo. Realmente, en esas dos semanas había adelgazado. Apenas pesaba nada.

La saqué del bar con cuidado de que no se diera en la cabeza contra el marco de la puerta o que se le enganchase el tul del vestido. Tarea más trabajosa de lo que había pensado.

...

El botones abrió la puerta. Menos mal. Tal vez no fuera pesada, pero había perdido uno de los tacones en el ascensor y había tenido problemas para recuperarlo antes de que se cerraran las puertas tras él. Con cuidado, deposité a Gwen sobre la colcha, y le di cinco libras de propina al chico. Luego me acerqué a ella y me quité los tacones, que dejé en el suelo al lado de la cama. Con un suspiro agotado tiré de las sábanas intentando que ella no se diera cuenta y la cubrí con ellas. Sólo se removió un poco y enterró la cara entre las almohadas.

Me dejé caer sentado en el sillón, mirándola. Era tan hermosa...el pelo negro contrastando contra las sábanas blancas, los labios entreabiertos, las pestañas haciendo sombras en sus mejillas por la luz que entraba por las cortinas.

DIAMANTE -borradorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora