capítulo 52

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Una nube pende sobre mí, marca cada movimiento profundamente en el recuerdo de lo que en otro tiempo fue amor.
-Ian Curtis
...............
Gideon dejó la chaqueta en una silla de las que había junto a la mesa, caminando hacia las flores con expresión de desconcierto.

Agarró el sobre y lo rasgó con dedos hábiles.

-Xemerius-susurré. Por la expresión de Gideon, las flores le extrañaban tanto como a mí. El daimon despertó sacudiendo la cabeza, y me miró, ligeramente sorprendido.

-Curioso. ¿Mudanza de pajar?

Le indiqué las flores con un gesto de la cabeza.

-Te diría quien las ha traído, pero me temo que ya estaba dormido...-dijo aleteando hasta nosotros, con cierta expresión culpable en el rostro.

-Gracias por quitárme a esos idiotas de encima. Empezaban a volverse molestos ligeramente molestos, aunque no se acercaran a mí...
Un consejo: vais tras la pista equivocada.

El tono de voz que usó me dejó claro de que eran las flores antes incluso que el mensaje que daba.

Gideon arrugó el papel y lo dejó caer al suelo, maldiciendo por lo bajo. Menudo desastre. Al parecer, no nos íbamos a librar de sus estúpidos juegos ni un sólo día.

-Empiezo a pensar que tal vez sea mejor simplemente pasar de las profecías-dijo cuando me acerqué y le pasé un brazo por los hombros.

-No te preocupes...es guerra psicológica solamente...

Gideon me miró, volviendo a nuestro mundo de antes de encontrar las flores lentamente.

-¿Guerra psicológica? Si eso existe, casi seguro que no se puede aplicar a lo que él nos hace...

Sonreí. Él alargó la mano para acariciar el pétalo de una de las flores, per le agarré la mano.

-Mañana -susurré.-Ha sido un día largo-añadí, y le di un beso suave en la mejilla antes de sonreirle y entrar en mi habitación.

Oí la carcajada ronca de Xemerius antes de verle atravesar la pared y mirarme.

-¿Por qué has hecho eso, Gwenny?

-Xemerius, de verdad, no estoy para bromas o acertijos. ¿Qué he hecho?

-Pues plantar así al pobre muchacho...

Fruncí el ceño. ¿Qué? ¿Plantarlo?

-Ahí lo dejo-dijo simplemente, y desapareció por la ventana para que no le interrogara más, tras hacer una de sus características pequeñas reverencias.

-Te has quedado sin gato-dije por lo bajo, antes de acercarme al tocador y quitarme los pendientes.-Mierda...-maldije cuando uno se me enganchó en el pelo, tirando de él para que se soltase.

-Espera, te ayudo-dijo Gideon bajito, apareciendo de repente detrás de mí.

-No te preocupes-dije mientras él terminaba de soltar el pendiente.-Era obvio que nos iba a vigilar, ¿no? Y...

Me tapó la boca, girándome para que le mirara a la cara.

-Mañana...

Asentí y le abracé. Él, al principio un poco sorprendido, me pasó los brazos por la cintura y me devolvió el abrazo.

-¿Crees que vale la pena? Todo lo que está haciendo...

Gideon se separó un momento, mirándome fijamente.

-Creo que sí, aunque aún no sabemos por qué. Vale la pena porque hay algo más.

-No me refería a eso-dije. Sus ojos mostraron sorpresa, antes de retirarme el mechón de pelo en el que antes estaba enganchado el pendiente de los ojos.

-Sí. Merece la pena-dijo antes de bajar su rostro hacia el mío y besarme lentamente.-Claro que vale la pena.

...

-Capuchina, cardo, claveles amarillos y...¿de rayas?, y esto es eléboro, escabiosa, jenciana, dondiego, jacintos morados, pulsátilas, rododendros, ranúnculos, zinnia-enumeró Leslie pasándole a Gideon una lista con las flores tras buscar fotos de todas ellas en internet. Pretendíamos ver el significado de las flores usando el lenguaje victoriano.

-Dios. Los victorianos estaban locos. ¿En serio se mandaban mensajes en forma de ranos de flores?-había dicho Raohael con su característica... falta de curiosidad. Recibiendo a cambio una de las usuales miradas de reproche de su novia.

-A ver Gideon. Seguro que eso también lo estudiabas en tus clases. Cómo ligarse a una lady de mil ochocientos, capítulo uno-había soltado Leslie entonces, intentando relajar el ambiente, aunque sólo consiguió ponerme más nerviosa aún. Gideon dejó de juguetear con mi pendiente y la miró, divertido.

-Bueno, una de las principales características de la época victoriana es, precisamente, la dificultad de ligar. Y del lenguaje de las flores, poco más que el blanco es la pureza y el rojo pasión. Y que las rosas suelen ser amor.

Leslie le dirigió una mirada de hito en hito, se abrochó mejor la chaqueta de chándal sobre el pijama, probablemente de mickey mouse o similar, y se puso a estudiar más a fondo el ramo.

-De todos modos, Less-añadió Gideon, poniéndose en pie.-estas flores son tan raras que ni alguien de esa época sabría lo que significa-dijo señalando una enrome flor color vino oscuro que luego resultó ser una zinnia. Leslie se limitó a poner los ojos en blanco.

-A este paso, mi agencia de detectives tendrá trabajo para toda la vida sólo con vosotros dos...-había añadido antes de sacarse el boli de la boca y apuntar los nombres de las flores.

-Veamos...-dijo Gideon, y sacó el móvil del bolsillo de los pantalones.-Obediencia, desquite, esperanzas pérdidas, desdén, rechazó, escándalo, injusticia y...¿viudez? ¿En serio? Este hombre está loco. Ingratitud, peligro, pesar, "no puedes pretender nada", y, citó literalmente, " recuerdo de los amigos pasados" con las zinnias.

Raohael alzó las cejas desde la cama de Gideon, con sus pantalones de pijama de cuadros y Leslie apartó el móvil.

-Bueno, el mensaje está bastante claro. Que me vaya a...

-Va te faire foutre. Básicamente.

Aunque no había entendido una palabra de lo que había dicho Raohael, comprendía el mensaje.

-Y ahora que estamos otra vez en el mismo sitio, ¿puedo irme a la cama?

Gideon asintió con aire cansado.

-Gwenny, no te preocupes. Sólo quiere meternos miedo porque sabe que nos estamos acercando. Hala. Duerme bien, ¿vale?-me dio un beso en la mejilla y una sonrisa pequeña y siguió a Raphael fuera de la habitación. Yo suspiré y me dejé caer en una de las butacas de su habitación, sin ganas de ir a la mia. Él me devolvió el pendiente.

-Tu amiga Sherlock tiene razón.

Le miré. Sus ojos brillaban mucho, con algo parecido a la lástima. Suspiré y dejé que mi cabeza reposara tranquila sobre el respaldo del sillón, agotada.

-Vamos, es tarde-dijo él mientras me cogía en brazos. Me dejé llevar sin quejarme, hecha polvo. Me dejó en mi cama con suavidad, pero yo no le solté.

-Gideon...

-¿Sí?-respondió igual de bajito mientras me abría las sábanas.

-¿Te quedas conmigo?

Él se quedó inmóvil un segundo, antes de suspirar y taparme bien.

-¿Gideon?

-Espera a que me cambie, vendré enseguida-susurró, antes de darme un beso en la frente y desaparecer. Me debí de dormir antes de que llegara, agotada. Estaba segura de que ese viaje no estaba saliendo para nada según lo planeado.
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Lo siento por el retraso. Estuve un poco pocha ayer noche. Ya estoy bien, y enseguida me pongo a escribir otro. No estoy demasiado inspirada, pero puede que suba algo más hoy... Besos!!!!!!!!!

DIAMANTE -borradorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora