43. La despedida

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Trago saliva un par de veces, llevándome la mano al vientre

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Trago saliva un par de veces, llevándome la mano al vientre. Esto es muy serio, pero a Mario no parece afectarle, pues sonríe como si hubiera ganado un puto Balón de Oro y no hubiera confesado a toda España que estamos juntos.

En un programa de máxima audiencia. Diciendo mi nombre bien clarito. Y los periodistas, que no son tontos, empezarán a investigar y darán conmigo en cuestión de tiempo. Aunque, bueno, la persona que tenemos delante solo ha tardado dos segundos en averiguarlo.

—¿Cuándo pensaban contarme que son novios? —nos pregunta Diego, apoyando los codos en la mesa de su despacho, donde nos ha hecho ir a Mario y a mí.

—Yo acabo de enterarme —digo, alzando los brazos como si no tuviera la culpa de nada.

—¡María! —me regaña Mario, fulminándome con la mirada—. Lo siento, míster. María y yo llevamos un tiempo juntos en secreto y no hemos querido decir nada por no perjudicar al equipo.

—¿Y por qué lo dices ahora, Hermoso?

—Porque la quiero y, después de lo que sufrió ayer, ha sido mi forma de demostrarle que la amo más que a mi vida.

Miro a Mario sintiendo cómo me escuecen los ojos y cómo el pecho me da un vuelco.

Que diga en la tele que somos novios, vale. Pero que además le diga a su entrenador que me quiere... Este hombre me sorprende cada día más con lo que siente por mí.

—Vaya, muro —dice Diego, riéndose—. No todos los días escucho estas declaraciones de amor, y menos de tus labios. ¡Por fin estás enamorado!

—Lo estoy, y mucho. Espero que esto no sea un problema, míster.

—A mí lo único que me molesta es haberme enterado por la televisión y no por vosotros —nos regaña a los dos como si fuera el padre de dos adolescentes a los que tuviera que castigar.

—Yo también me he enterado por la tele de que somos novios, Diego —añado, para desesperación de Mario, que vuelve a lanzarme una mirada airada—. Estoy tan abrumada como tú.

—Llevas mi hijo en tu vientre, ¿qué coño te crees que eres para mí? —exclama Mario, consiguiendo que Diego se sorprenda todavía más.

—¿Estás embarazada, María? —me pregunta Diego. Asiento feliz, porque cuando se trata de mi embarazo eso es lo que me provoca: felicidad—. ¡Esto si que no lo esperaba! ¿Y lo sabe tu padre?

—Sí que lo sabe.

—¿Y aún sigue Mario vivo?

No puedo evitarlo: estallo en carcajadas porque el pobre de Mario empieza a enfadarse con mi actitud. Pero se lo merece por haberme pillado desprevenida en la entrevista. Aunque, en el fondo, no puedo reprocharle nada por el precioso acto de amor que acaba de hacer por mí.

—Bueno, iba a deciros que os abstuvierais de tener sexo en las concentraciones, pero creo que llego tarde —dice Diego riéndose ahora él al ver nuestras caras de sorpresa y, sí, también un poco de vergüenza. Por lo menos yo, que no hemos respetado ni las concentraciones del equipo.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora