Mario hermoso está cansado de que las mujeres lo utilicen. En su vida hace mucho tiempo que no hay sitio para el amor. Después de un matrimonio fallido, juró que jamás volvería a casarse y mucho menos entregarle su corazón a nadie. Aunque a la única...
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Estoy enfadada.
Más conmigo misma que por otra cosa. Llevo desde el mediodía en este maldito centro comercial y aún no me he comprado un vestido. Necesito algo para la fiesta de Nochevieja que va a dar Saúl. Algo que deje a Mario con la boca abierta, pero a mi amiga no le gusta ninguno, y eso que es para mí.
—Adri —le digo, cruzándome de brazos, a punto de entrar en otra tienda más—. Tengo que estar en dos horas en el Metropolitano y no tengo vestido, ni complementos, ni nada. Estoy cansada.
—Tranquila, María, que en esta lo encuentras sí o sí —dice ella, cogiéndome del brazo.
—Eso dijiste en la anterior, y en la anterior, y en la anterior... —añade Enzo, mirándola fastidiado.
—Haberte quedado en tu casa si tan aburrido estás —le regaña Adriana entrando en la tienda. La dependienta, en cuanto la ve, sale a su encuentro y se saludan efusivamente.
—Eso ha sido muy borde —le digo a Enzo mientras él se recuesta en la pared más cercana, negando con la cabeza.
—Últimamente siempre es así conmigo —me cuenta mi amigo con la mirada bastante triste—. Además, apenas nos vemos. Entre que estoy con el primer equipo y ella está con las campañas de ropa o cualquier cosa que le aumente los seguidores... Y de acostarnos juntos, ni te cuento...
—Bueno, tampoco es que yo necesitara saber eso, Enzo.
—Creo que me pone los cuernos, María.
—¡Anda ya! Pero si Adri está loca por ti —le rebato, porque si Adri estuviera con alguien, supongo que me lo contaría.
Supongo.
—Ya. No pongas nunca la mano en el fuego por nadie, María. Creo que se está viendo con otro, porque si no, no es normal lo que está pasando entre nosotros —sigue insistiendo Enzo con el mismo tema.
—Pues habla con ella.
—Ya se lo he dicho y dice que estoy loco. Pero los hechos son los hechos. Y no tenemos sexo desde hace más de un mes...
Desde que Adri y Enzo empezaron a dormir juntos, parecían inseparables. Mi amiga no tenía el menor reparo en contarme dónde, cuándo y cuántas veces lo hacían. Por eso, lo que ahora me confiesa mi amigo consigue dejarme bastante sorprendida.
—¿Y tú con tu amante? —me pregunta Enzo, desviando el tema de él hacia mí—. Dime que por lo menos uno de los dos se lo está pasando bien.
—Me lo estoy pasando bien —le contesto sonriendo—, muy, muy, muy bien.
—Pues aprovecha todo lo que puedas, patito.
Quiero darle un abrazo. Decirle que todo saldrá bien para que deje de estar tan triste, pero Adri nos llama para que entremos en la tienda y desisto de mi idea.