48. La concentración

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Junio

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Junio

Los jugadores odian esta concentración. Lo sé por las caras que tienen, cómo el desánimo hace mella en ellos, sobre todo porque llevan cinco días sin ver a sus familias.

Diego decidió, tras el último partido de liga, que nos concentráramos en Los Ángeles de San Rafael para poder preparar bien la final de la Champions. Al principio surtió efecto, porque los jugadores solo tenían una cosa en la cabeza: ganar, pero ahora hay algo más importante que desean.

—No es justo, tantos días sin ver a la familia, joder —se queja Julián, jugando con su tenedor sin apenas probar la comida.

—Es lo que hay, tío. Otra cosa no podemos hacer —le contesta Mario, bebiendo un sorbo de agua de su vaso.

—Para ti es fácil, tienes aquí a la parienta —le dice señalándome.

—Te vayas a creer que nosotros estamos todo el día juntos —le contesto, comiéndome una manzana—, que mi habitación está en otra planta y yo estoy más con el cuerpo técnico que con él.

—Sí, pero por lo menos podéis veros todos los días... Yo echo mucho de menos a mi hijo. Cuando nazcan los vuestros ya me lo diréis, boludos.

No sé qué decirle a Julián, porque el resto de jugadores están prácticamente igual. Y, de seguir más días sin poder ver a sus familias, va a hacer que el ánimo empiece a decaer.

Mi cabeza empieza a darle vueltas a una idea y acabo poniéndome en pie para, por lo menos, intentar llevarla a cabo.

—¿Dónde vas? —me pregunta Mario, cogiéndome la mano al pasar a su lado.

—A ver si puedo hacer algo —le contesto, acariciando su cabeza.

Me dirijo a la mesa donde está Diego con sus ayudantes y con uno de los fisios. Me siento en su mesa y están discutiendo sobre tácticas y demás. Es de lo único de lo que se habla estos días y parece que estamos olvidando un poco disfrutar de que somos finalistas.

—¿Podemos hablar? —les pregunto, interrumpiéndolos.

—Claro —me dice Diego. Los demás se callan y me miran, esperando lo que sea que tengo que decirles.

—Los jugadores quieren ver a sus familias.

—Estamos concentrados. El sábado nos jugamos toda la temporada. Tienen que saberlo. Porque estén unos días sin verlos no les va a pasar nada —contesta Diego, negando con la cabeza.

—Ya, pero es que de aquí al sábado estarán nueve días, nueve sin ver a sus familias... y les echan de menos. No creo que pase nada porque esta tarde se la des libre y dejes que vengan ellos a visitarlos.

—María... —Diego me mira rodando los ojos y resoplando porque mi idea no le ha gustado.

—Ni siquiera saldrían de aquí. Y creo que les vendría bien para subirles el ánimo estar con los suyos... —le digo, mirándolo, abriendo mucho los ojos y casi suplicando.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora