Mario hermoso está cansado de que las mujeres lo utilicen. En su vida hace mucho tiempo que no hay sitio para el amor. Después de un matrimonio fallido, juró que jamás volvería a casarse y mucho menos entregarle su corazón a nadie. Aunque a la única...
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Septiembre
Madrid
Dos años después
Toda mi vida he estado rodeada de futbolistas, creciendo entre entrenamientos, partidos, victorias y derrotas. He aprendido a mantener la calma, a sonreír y a hablar con seguridad sin que ninguno de ellos me intimidara... pero tengo que admitir que el hombre que tengo delante me impone un respeto que no había sentido jamás.
Ni por mi padre.
Nunca me había sentido tan nerviosa frente a nadie como frente a él. Su presencia es abrumadora, y hay algo en su mirada que parece analizarme como si pudiera leer no solo mi currículum, sino también mis pensamientos y mis jodidos miedos.
Se ha quedado un buen rato observando la carpeta que tengo delante, sin decir nada. Simplemente la sostiene, la hojea con calma y luego levanta los ojos, mirándome con esa expresión seria que me hace dudar de cada palabra que quiero decir.
Me obligo a mantener la espalda recta, las manos quietas, tratando de que mi actitud no traicione la mezcla de respeto, nervios y curiosidad que me recorre por dentro. Y si, también tengo ganas de levantarme y de salir corriendo.
Nunca antes alguien me había hecho sentir tan pequeña y al mismo tiempo tan consciente de mí misma. Y mientras lo observo, no puedo evitar preguntarme cómo puede alguien transmitir tanto poder con tan solo un par de ojos serios y un silencio prolongado.
—María, tienes un currículum muy bueno —termina diciéndome, sin saber muy bien cómo tomar mis palabras, pues su halago también podría significar que no me necesita.
—Muchas gracias —respondo, agradecida y conteniendo la respiración, esperando únicamente su decisión.
—Es increíble que con tu edad terminaras la carrera en solo dos años y, encima, te diera tiempo a hacer tantos cursos. ¿Cuál es tu secreto?
—Supongo que irme a Londres a estudiar durante esos dos años me ayudó bastante. Allí las cosas son de otra manera, y la verdad es que pude adquirir mucha experiencia, sobre todo en lo relacionado con las prácticas. Además, me centré mucho en mis estudios.
—Tu currículum es envidiable —me halaga de nuevo, reclinándose en el sillón y juntando las manos sobre la mesa—. Mira, no me voy a andar con rodeos, ¿vale? Te queremos con nosotros, aunque eso ya lo sabes; de lo contrario, no te habríamos buscado. Aunque también eres consciente de que tenemos un impedimento muy grande que dificulta contratarte.
—¡Oh, vaya! ¿Y puede saberse cuál es? —le pregunto, interesada, aunque sé perfectamente a qué se refiere.
—Pues tu padre, claro. ¿Qué pensará él de que trabajes para el enemigo?
Aprieto los labios. Esta es la pregunta que esperaba. La única que no había preparado porque sé que mi respuesta va a salir del fondo del corazón, sin dudas ni rodeos. Solo la verdad.