25. Como intentar hacer un dibujo

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—Si no te estás quieto, no puedo dibujar, Mario —le digo

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—Si no te estás quieto, no puedo dibujar, Mario —le digo. Estamos sentados en la mesa del comedor en su casa. Estoy concentrada en el que será su nuevo tatuaje, pero él no deja de acercarse a mí, hacerme cosquillas, rozarme o intentar distraerme. Me cuesta mucho mantenerme concentrada.

—Es que no sé por qué no dibujas en la cama. Allí estarías más cómoda —me propone, levantando una de sus cejas con picardia, mientras yo ruedo mis ojos. 

—Así sería más fácil para ti distraerme —le digo, mirándolo con una mueca traviesa.

—¡Exacto! Veo que me entiendes perfectamente, pecosa —me sonríe y me da un beso, haciéndome reír.

—Este dibujo va a ser eterno si sigues así —le digo, dejando el lápiz y apoyando mis manos en su cuello. Nos besamos un momento, intentando mantener la concentración, separándome después para continuar dibujando.

—¿Te queda mucho?

—Acabo de empezar, pero, puedes ver la tele o lo que sea si te aburres.

Mario no dice nada. Simplemente sigue aquí, mirándome, como si yo fuera lo más interesante del mundo. 

Continuo con mi dibujo, definiendo bien el trazo, en cuanto esté listo, usaré los colores, algo sencillo pero que a la vez sea llamativo. Quiero que sea la hostia, porque lo va a llevar para siempre, y pase lo que pase, yo voy a estar de alguna manera en su piel. 

Siento la mano de Mario apoyada en mi muslo y un escalofrío recorre mi cuerpo. No puedo concentrarme en el dibujo; mis dedos tiemblan sobre el lápiz. Trato de apartar la mirada, pero no puedo dejar de mirarlo. Su sonrisa traviesa me desarma y mi corazón se acelera.

—Mario... —susurro, con un hilo de voz, intentando que su mano desaparezca, aunque en realidad no quiero que lo haga.

Él no se inmuta, solo deja sus dedos rozando mi piel suavemente. Cada roce me provoca, me hace consciente de él de una manera que no puedo controlar. Siento que me pongo nerviosa y mi respiración se vuelve más rápida.

—¿Te distraigo demasiado? —pregunta con voz baja, siendo muy consciente de lo que me está haciendo. 

—Un poquito —respondo, mordiendo el labio, intentando sonar firme, pero mi cuerpo lo delata.

Se inclina un poco más cerca y sus ojos me atraviesan. Puedo sentir el calor que desprende, y la proximidad de su cuerpo me deja sin aliento. Su mano se mueve, se desliza por mi muslo con contundencia, provocadora. Cada roce me hace desear más, aunque sé que debo aparentar calma.

—Abre las piernas, y sigue dibujando, tú como si yo no estuviera aquí.

Su voz me llega como una orden. Como una rendición a la que me dejo llevar sin oponer resistencia. Hago lo que me pide. Me subo la falda hasta mitad de los muslos y abro estos sin dejar de mirarlo, de sentir el deseo recorrer mi cuerpo y como él se va a encargar de satisfacerlo.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora