18. Celosa y todo me voy a Málaga

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Noviembre

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Noviembre

Salgo de mi despacho en dirección a la cafetería con el estómago rugiéndome. Tengo muchísima hambre. Y tengo que comer algo rápido porque cuando termine de trabajar iré a recoger a mi prima Tamara al instituto y nos iremos a Málaga para darle una sorpresa a mi prima Erica.

Por un lado, tengo muchas ganas de ir porque llevamos mucho tiempo planeándolo; y por otro, no dejo de pensar en Mario. Esta semana apenas nos hemos visto. Ha tenido partido fuera y entrenamientos mañana y tarde. Solo nos hemos robado un par de besos a escondidas en algún rincón de la Ciudad Deportiva, pero estar juntos de verdad, no lo hemos estado.

No he vuelto a ir a su casa, sobre todo porque él no me ha invitado a visitarlo. Y se me estruja el estómago pensando en eso. Si en que quizás, la pasión de los primeros días, ya no le causa a él tanto efecto como a mi. 

Entro en la cafetería mirando el móvil y me quedo completamente parada.

Mario está en la barra. Inclinado hacia la camarera. Una rubia pechugona que le hace ojitos sin ningún pudor. Ella le toca el brazo y él se ríe.

Siento cómo la furia me recorre el cuerpo de golpe, desde los pies hasta la cabeza.

Sigo andando como puedo y Koke me llama para que me siente con él, con Jan y con Saúl. Voy hasta la mesa y me dejo caer a su lado sin quitarle el ojo a Mario. Resoplo al verlo reírse otra vez por algo que la camarera le dice.

—¿Qué tal todo? —me pregunta Koke, divertido. Se ha dado cuenta de mi cara, está claro.

—Hasta hace cinco segundos, muy bien. Ahora quiero asesinar a alguien —respondo, apartando por fin la mirada de Mario.

—Se te nota, María —me susurra.

—¿De verdad? —pregunto, alarmada. Lo último que quiero es montar una escena de celos en el trabajo.

Koke asiente.

—¡Mierda!

Mario se acerca a la mesa y, en cuanto me ve, sonríe. Se sienta a mi lado y me da los buenos días. Yo le gruño por toda respuesta y saco el móvil para no tener que mirarlo porque juro que podría cometer un asesintao ahora mismo. 

La camarera aparece para anotar lo que vamos a desayunar. Todos piden menos yo porque lo que menos tengo ganas es de hablarle a esta tía. 

—María —me llama la atención Mario, rozando incluso mi brazo para que deje de mirar mi móvil. 

—¿Qué? —contesto, de mal humor.

—¿Qué quieres tomar?

—Nada. Me voy, que tengo muchas cosas que hacer.

Me levanto de golpe, dejándolo totalmente confundido, sobre todo porque no lo he mirado ni una sola vez desde que ha llegado.

—Toma, Mario —dice la camarera, alargándole un trozo de papel—. Aquí tienes mi número. Espero que vengas esta noche.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora