59. Porque te quiero

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Mis padres me están mirando con lágrimas en los ojos

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Mis padres me están mirando con lágrimas en los ojos. Bueno, ellos y también mi hermano Lucas. Los tres me observan como si quisieran grabar este momento para siempre. 

Mi padre se acerca el primero. Sus ojos brillan, y cuando levanta la mano para acariciarme la mejilla noto cómo su gesto es más suave de lo habitual, casi cuidadoso.

—Estás preciosa, hija —me dice con la voz ligeramente ahogada—. Eres la novia más guapa que he visto en mi vida.

No puedo evitar reírme un poco, intentando quitarle hierro a la emoción que empieza a formarse en mi garganta.

—No me digas eso o mamá se va a enfadar —Mi madre niega con la cabeza y se acerca enseguida para abrazarme. Su abrazo es fuerte, de esos que siempre me han hecho sentir protegida.

—Tu padre tiene razón —dice apoyando la mejilla en mi hombro—. Estás preciosa.

—Un poco gorda, pero estás guapa —añade Lucas desde un lado, sacándome la lengua como cuando éramos pequeños.

—Y tú eres más tonto que mandado a hacer —le contesto sin poder evitar sonreír.

Lucas se acerca riéndose. Me rodea con los brazos con esa confianza que solo tienen los hermanos y me da un beso rápido en la mejilla.

—Me alegro mucho de que estés a mi lado, hermano —le digo, notando cómo la emoción vuelve a apretarme el pecho.

—Bueno, pues vámonos ya —dice mi padre, intentando que la situación no se vuelva demasiado sentimental.

Mi hermano Marco se ha quedado con mi tía Maya, así que nos vamos los cuatro juntos en el coche. Bajamos al sótano del edificio, donde el aire es más fresco y huele ligeramente a gasolina y cemento.

Lucas abre el coche y cada uno ocupa su sitio. Yo me siento detrás con mi padre. Él me coge la mano nada más sentarme. Lucas se coloca al volante y mi madre se sienta delante, a su lado.

El motor arranca y salimos del garaje. 

Si dijera que no estoy nerviosa, mentiría. Lo estoy. Muchísimo. Voy a casarme. Voy a casarme con Mario.

Desde que me he despertado esta mañana no he podido pensar en otra cosa que no sea él. En su sonrisa, en su forma de mirarme, en todo lo que hemos vivido hasta llegar hasta aquí. Mario es la persona a la que siempre he querido. Estar hoy a punto de casarme con él es cumplir el sueño que he tenido durante tantos años.

Una vida con él.

Las calles de Madrid van pasando al otro lado de la ventanilla mientras avanzamos entre el tráfico. Reconozco algunos edificios, algunas plazas, pero sigo sin tener ni idea de adónde vamos.

—¿No vais a decirme dónde vamos? —pregunto al fin, incapaz de aguantar más la curiosidad. Mario ha querido mantener el lugar en secreto hasta el último momento y eso me está matando.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora