Mario hermoso está cansado de que las mujeres lo utilicen. En su vida hace mucho tiempo que no hay sitio para el amor. Después de un matrimonio fallido, juró que jamás volvería a casarse y mucho menos entregarle su corazón a nadie. Aunque a la única...
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Septiembre
Estoy en un centro comercial con Mario, comprando cosas para los bebés. Ya tenemos las cunas, porque dormirán cada uno en la suya, igual que los carros. Hemos comprado un montón de ropa, juguetes, cosas de aseo, la bañera, muebles... llevamos aquí toda la tarde.
Yo estoy cansada y Mario, en cambio, está entusiasmado con cada cosa que ve. Salimos de la última tienda cuando falta media hora para el cierre.
El móvil de Mario suena y lo coge al ver que es Koke. Mientras habla con él, miro los escaparates de una tienda de ropa. Veo un vestido rojo que me encanta, pero claro... es de la talla 40, la cual no me pondré en muchos meses, o vete tú a saber cuándo. El peso que estoy cogiendo en el embarazo está bien. Según la doctora, son dos bebés y tengo que engordar más, aunque procuro no pasarme.
Mario termina de hablar y me pasa el brazo por la cintura, haciéndome sentir protegida y un poco más animada.
—Dice Koke que si queremos ir mañana a su casa después del partido —me cuenta Mario.
—¿Aunque les ganemos quiere invitarnos a cenar?
—Eso le he dicho, pero el muy capullo se ha reído. Dice que nos cagamos cuando vamos al Metropolitano.
—Eso era antes —afirmo, dejando un pequeño beso en su mejilla—. Ahora que el Madrid te tiene a ti, les va a ser imposible ganarnos.
—Supongo que estarás contenta de volver a ser de nuevo madridista —se burla Mario de mí, pellizcando una de mis mejillas mientras me habla.
—Cariño, yo nunca dejé de ser del Real Madrid —me río de Mario, quien agita la cabeza prorrumpiendo en una pequeña carcajada.
Caminamos varios metros para coger las escaleras mecánicas y salir del centro comercial. Estoy tan ensimismada con la noticia del parto de Clara que, cuando escucho que me llaman, ni me doy cuenta. Un chico rubio, alto y de ojos negros se acerca a mí sonriendo de oreja a oreja.
—¡María! —me dice el chico, feliz de verme—. ¡Dios, qué alegría verte!
—Scott —le respondo, sin poder creer que esté aquí. Me dejo abrazar por él más que nada porque no sé cómo reaccionar—. Vaya, qué sorpresa... ¿qué haces aquí?
—Mañana toco en el concierto de Imagine Dragons aquí en Madrid. Si hubiera sabido que estabas aquí, te habría llamado... —dice, contento.
Mario me mira curioso. Sabe quién es. El chico de las fotos que tenía en mi cuarto de casa de mis padres, las cuales quité hace unos meses.
—Claro —respondo, nerviosa. Llevamos más de un año sin vernos y la última vez que nos cruzamos no terminó muy bien—. Scott, este es Mario, mi novio...