Mario hermoso está cansado de que las mujeres lo utilicen. En su vida hace mucho tiempo que no hay sitio para el amor. Después de un matrimonio fallido, juró que jamás volvería a casarse y mucho menos entregarle su corazón a nadie. Aunque a la única...
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Recuerdo que cuando era pequeña, mis padres siempre procuraban que nuestras vacaciones fueran en un lugar con playa, siendo Mallorca, donde nació mi padre, donde pasamos parte de nuestra infancia. Por eso, ver ahora el mar, tan cercano, con ese olor tan especial, evoca en mi todos los recuerdos de mi niñez.
Ladeo mi cabeza cuando siento pasos tras de mi. Sonrió a mi hermano, quien me abraza hasta haceer que me refugie en su pecho, disfrutando de la calidez de su cercanía.
—Esto te habrá costado una pasta, hermana —me susurra Lucas, bajando la voz para que ni Tamara ni Erica se enteren de nuestra conversación.
—Sí, pero Erica se lo merece —respondo, con una sonrisa.
—Desde luego. Ha sido un detalle. Si quieres, lo pagamos a medias... —dice, con esa mezcla de camaradería y preocupación por no incomodarme.
—No hace falta, Lucas. Tengo un buen sueldo y puedo permitirme esto. Tú luego nos invitas a tomar algo —le guiño un ojo, bromista.
—Gracias por dejar que venga con vosotras —dice él con sinceridad.
—Gracias a ti por venir, aunque me temo que de los tres, tú eres el que más ganas tenías de ver a Erica, ¿verdad? —le digo, ladeando un poco la cabeza.
Lucas se sonroja por la mera mención de nuestra "prima". Técnicamente, no compartimos ningún tipo de sangre con ella, pero nos hemos criado los cuatro juntos: Tamara, Erica, Lucas y yo. Fuimos los primeros niños de toda la familia de amigos que mis padres formaron a su alrededor, y por eso, para nosotros, es completamente natural considerarnos primos.
—Nosotras ya estamos —anuncia Tamara, apareciendo tras la puerta, lista para salir.
Lucas me roza la frente con un beso cariñoso y juntos abandonamos la terraza. Hemos decidido cenar en el puerto y, después, llevarlas por la zona de pubs. Por suerte, las chicas ya tienen 16, la edad mínima para entrar, aunque ni hablar de que beban. Yo misma, a su edad, hacía botellones con Enzo y Liam, pero esta vez quiero ser responsable.
De repente, me doy cuenta de que debería llamar a Adri. Desde que ella y Enzo arreglaron lo suyo, están de luna de miel permanente y casi ni nos vemos.
Salimos de la habitación y entramos en el ascensor. Lucas nos rodea con los brazos por los hombros, atrayéndonos hacia él con suavidad.
—Menos mal que he venido con vosotras. Esta noche voy a tener que pelearme con más de uno —dice, riéndose—. Estáis muy guapas, sobre todo la cumpleañera. —Nos guiña un ojo a Erica, que se sonroja al instante, desviando la mirada hacia mi hermano.
He reservado mesa en un restaurante italiano, el tipo de comida que más le gusta a Erica, así que sé que la elección le va a encantar. El local está muy cerca del hotel, así que decidimos ir caminando, aprovechando el paseo y el buen ambiente de la zona.