Mario hermoso está cansado de que las mujeres lo utilicen. En su vida hace mucho tiempo que no hay sitio para el amor. Después de un matrimonio fallido, juró que jamás volvería a casarse y mucho menos entregarle su corazón a nadie. Aunque a la única...
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Un día antes de Nochevieja
Parece mentira que el año esté a punto de acabar. Con todo lo que nos ha pasado. Sin ir más lejos, mañana hará un año de la fiesta que dio Saúl en su casa, el lugar donde me empecé a dar cuenta de que Mario sentía por mi algo más. De que había roto conmigo todas sus estúpidas reglas, y... miranos ahora, casados y con dos bebés que son nuestra locura.
—¿Hace falta alguna cosa más? Ya que voy a la farmacia, mira a ver si necesitamos algo —me dice Mario mientras coge la cartera del mueble.
—Creo que no. Ah bueno, si. Tráete un par de latas de leche y otra de manzanilla —le respondo, sin dejar de cambiarle el pañal a Aurora.
Su hermano está profundamente dormido en la cuna del dormitorio. En un rato los vestiré para irnos a comer con Koke, los niños, Saúl y Julián Alvarez. La verdad es que tengo muchas ganas de verlos. Echo mucho de menos los momentos que pasábamos juntos. Aunque por suerte, una vez a la semana solemos quedar.
—Lo de este niño no es normal. Duerme más que tú y yo juntos —se ríe Mario asomándose al dormitorio para mirar a Martín.
—Ha salido a mi hermano Lucas en eso.
—Me da miedo que también se le parezca en lo demás.
—Eh, no te metas con mi hermano, que ahora es un respetable novio —le digo dándole un pequeño golpe en el hombro.
—Ahora, porque antes se follaba a toda la que se le ponía por delante.
—Mira, como hacías tú antes de conocerme —le respondo poniendo los ojos en blanco.
—Bueno, pero es que ahora soy un padre de familia respetable. Y ya no te follo... ahora te hago el amor —sonríe con coquetería, acercándose para darme un suave beso que me hace formar una amplia sonrisa.
—¡Anda, tira ya para la farmacia! —le digo dándole una palmada en el culo, guiñándome él un ojo después de darme un pequeño abrazo.
—Vale, no tardo. No me llevo el móvil, no tiene batería.
—De acuerdo. Aquí estaré.
Mario sale por la puerta y no puedo evitar reírme. Este hombre siempre consigue sacarme una sonrisa. Me siento en el sofá y le hago cosquillas a Aurora en los mofletes, lo que la hace sonreír.
Adoro a mis bebés. A veces me quedo mirándolos y no me lo creo, como si todo esto fuera un sueño y en cualquier momento fuera a despertarme y no estuvieran ni Mario ni ellos.
Sin darme cuenta, pienso en Enzo, y se me llenan los ojos de lágrimas al recordar a mi querido amigo. Debería estar aquí. Me duele que ya no esté. Mi madre siempre dice que, en realidad cuando alguien muere, los que pierden son ellos, porque nosotros seguimos adelante como podemos, y que cada vez pensamos menos en su pérdida. Y creo que tiene razón.