21. Nunca una cena me dio tanta tristeza

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María vuelve a mirar la foto que tiene en su móvil y, después de besarla, la guarda en su bolso

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María vuelve a mirar la foto que tiene en su móvil y, después de besarla, la guarda en su bolso. Busca mi mirada, sonriéndome y mostrándome así lo feliz que está.

—¡Un hermano! Voy a tener un hermano, ¿a que es increíble?

No le contesto. Solo asiento con la cabeza, tomando su mano para dejar un pequeño beso en ella.

María está hoy radiante. Quizás es porque esta tarde se ha enterado de que su madre va a tener un niño, y le llena de emoción saber que el embarazo va bien.

Yo, por el contrario, tengo una sensación rara.

Una que no se me quita ni cuando cruzamos la puerta de la casa de Koke y Clara. Por lo menos aquí no tenemos que escondernos, porque ellos saben de sobra que estamos liados.

Lo primero que hace Clara cuando llegamos es enseñarle la casa a María, y a mí estas conversaciones de decoración y cosas de la casa me importan un carajo. La veo prestar mucha atención a todos los detalles y entusiasmarse cuando ve algo que le gusta. Se me eriza la nuca cuando la escucho hablar de las cortinas del comedor con Clara, teniendo un puto déjà vu que me deja con mal sabor de boca.

—¿Estás bien, Mario? —me pregunta Koke, dándome una cerveza sin alcohol sin dejar de mirarme fijamente.

—Cansado de los entrenamientos —le respondo, alejando mis malos recuerdos y queriendo disimular delante de él que estoy bien.

—Deberías estar contento. Has sido el mejor jugador del mes pasado.

—Sí, supongo —miro a María, que se ríe mientras Clara le enseña el jardín. Hoy está muy guapa. Lleva un vestido de punto granate con unas botas marrones, y su pelo lo lleva sujeto en una trenza. Apenas lleva maquillaje y está preciosa.

—Venga, siéntate que voy a ayudar a Clara a traer las cosas.

Me siento en una silla del comedor y dejo mi cerveza sobre la mesa. Me toco el cuello resoplando, incómodo de cojones. María aparece y se sienta a mi lado. Pone su mano en mi muslo y me da un breve beso en los labios.

—¿Estás bien, Mario? Estás muy serio —me pregunta, realmente preocupada por mí.

—Estoy cansado, solo eso.

—Pues cuando quieras me lo dices y nos vamos.

—Tú tranquila. Disfruta de la cena. Yo estoy bien —la animo, buscando su mano para apretarla y que así esté más tranquila.

—La casa de Koke es muy bonita. Me encanta cómo la tiene amueblada. Y la cocina es súper grande...

—Sí, no está mal —siento una opresión en el pecho con sus palabras, aunque intento que no se me note porque no quiero agobiarme más de lo que ya estoy.

María me sonríe y no puedo evitar pensar en lo dulce que es. Siempre se preocupa antes por mí que por lo que está ocurriendo a su alrededor. Como aquel día en el vestuario, cuando le pegué a Giuliano y lo único que le importaba era si me había hecho daño en la mano. Todo eso no hace más que empeorar cómo me siento.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora