3. Las Reglas De Mario

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Me quedo mirando cómo se aleja María, muy cabreado

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Me quedo mirando cómo se aleja María, muy cabreado. 

No entiendo qué hace aquí.

 ¿Cómo ha acabado en el Atlético? Estaba en Londres, o eso pensaba... ¿qué hace aquí? ¿cuando ha vuelto? voy a tener que hablar con Tamara muy seriamente, porque, sabiendo lo mucho que le he preguntado por ella, no me ha dicho que María había regresado.

 Me doy la vuelta dirigiéndome hacia mi coche sin poder olvidar nuestro encuentro. Dos años... dos putos años sin verla, y en un segundo me ha revuelto todo el cuerpo. Me sorprende muchísimo encontrarla aquí. Pero me sorprende aún más lo cambiada que está.

Su cuerpo también lo ha hecho. Tiene más formas de mujer, aunque sigue teniendo esa cara aniñada que tanto me atrae. Ese vestido de tirantes de flores que lleva, le marca las curvas de forma descarada y eso me  vuelve loco. No he podido apartar la vista de su profundo escote en cuanto la he visto. 

Y si, me he regañado a mi mismo, porque no debería tener estos pensamientos sobre ella. Todavía tiene veinte años y yo once más.

Pero por más que intento convencerme, está claro: ella hace tiempo que dejó de ser una niña. Maldita sea... ahora sí que va a perturbar mis sueños. Y yo pensando que ella solo era una fantasía, y ahora, ahora se ha convertido en un puto tormento.

—¡Eh, Hermoso! —me giro al escuchar mi nombre viendo como se acerca Koke, mi amigo y capitán del equipo, quien viene acompañado de Saúl, otro de mis mejores amigos—. ¿Es que no sabes que no se pueden traer ligues al entrenamiento?

—No es un ligue, capi —respondo, intentando calmarme. Que piensen que ella es algo mío me enciende todavía más.

—¿Y entonces quién es la castaña? Porque estabais a punto de enrollaros en el coche... y vaya miradas que le has echado.

—Es... es complicado. Olvídalo —saco las llaves del coche y aprieto el mando para abrirlo queriendo que la conversación se detenga.

—Espero que no sea tan complicado como tu fiesta del sábado —sigue hablando Koke, apoyando las manos en el capó—. Has salido en todas las noticias del corazón: "Mario Hermoso y su fiesta de divorcio".

—Tonterías —respondo quitándole importancia a la publicación—. Hace meses que me divorcié y todo fue efectivo hace unas semanas. No le hagas caso a la prensa rosa. Tú mejor que nadie deberías saberlo. Tampoco fue para tanto.

—Eh —dice Saúl—. Te recuerdo que yo estaba allí. Y no lo pasaste tan mal, Mario.

—Tú tampoco, hermano —le contesto compartiendo una cómplice mirada pues la fiesta, en verdad, fue lo que se espera cuando uno celebra que se ha quitado de enmedio a la perra de su ex mujer. 

—Ya, pero yo me fui solo a casa... y tú te fuiste con dos.

—Pero no a mi casa.

—Bueno, eso no es nuevo. Tú nunca follas en tu casa —me recuerda Saúl a quien le convendría callarse la boca durante un buen rato. Puto chismoso. 

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora