32. El Desfile

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Es la primera vez que piso un desfile

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Es la primera vez que piso un desfile. Y ahora entiendo por qué nunca antes me había animado a venir. Este ambiente no encaja conmigo. Demasiado postureo. Gente posando sin parar, haciéndose fotos con cualquiera que se cruce. Y muchas chicas guapas que vienen con las ideas muy claras. A más de una la he pillado sonriéndome y mirándome fijamente. Joder, esto ya lo he vivido. Me lleva directo a mi época con Jennifer y solo pensarlo me revuelve el estómago.

Respiro hondo e intento tranquilizarme. He venido para desconectar, para olvidarme de todo y pasarlo bien. Y ese "todo" incluye a María. Ayer nos excedimos, los dos. Está claro que somos unos malditos celosos, y eso no es sano. Menos aún si lo que hay entre nosotros quiere avanzar.

Dos concursantes del último talent show musical se me acercan. Se presentan, posan para unas fotos conmigo, me cogen del brazo y se ríen. Una es rubia, la otra morena. La morena está muy buena y no deja de hablarme, acercándose cada vez más.

—Nunca he visto el Metropolitano, Mario —dice frunciendo sus labios, unos muy operados, por cirto. Tiene un cuerpo muy bonito y su voz es bastante melosa— quizás podrías enseñármelo.

—Ya veremos.

Le respondo escuetamente, revolviéndome en mi asiento. Todo esto me recuerda a otra época. A como con un par de miradas y frases sugerentes, podía llevarme a una tía a la cama. Y sería muy  fácil llevarme a la morena. Mucho.

Lo que ocurre es que no quiero. No siento absolutamente nada cuando me habla. Ni chispa, ni curiosidad, ni la más mínima intención de que pase algo más. Ni siquiera se me cruza por la cabeza. Con María no he hablado. Ni ella me ha llamado ni yo a ella. Y así se queda. No voy a ir detrás de ninguna tía. Ni siquiera detrás de María. Aunque por dentro me esté hirviendo la sangre.

Mi móvil vibra. Lo miro: es un mensaje de María. Lo abro. Una foto de una máscara. Nada más. Solo eso. Me deja descolocado, pero decido no contestar porque el desfile está a punto de empezar.

Saúl se sienta a mi lado, y al otro lado lo hace la morena. No recuerdo su nombre. Apenas la miro de vez en cuando mientras comentamos algo del desfile. Educación, ante todo.

Tengo que admitir que las modelos que desfilan son imponentes. Exuberantes, espectaculares, cada una mejor que la anterior. Todas llevan máscaras, lo que añade un punto de misterio al desfile. Saúl y yo vamos comentando en voz baja y coincidimos en lo mismo: cada vez que aparece una, la siguiente aún es más guapa. Al menos me estoy dando un buen festín visual.

Una de las modelos pasa cerca de nosotros y se detiene frente a nuestra fila para lanzarnos un beso. Saúl hace el gesto de atraparlo en el aire y llevárselo al pecho. Ella le saca la lengua y se ríe antes de desaparecer por la pasarela.

—Creo que me he enamorado —dice Saúl, siguiéndola con la mirada.

—Y yo creo que eres gilipollas.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora