39. Tú no estás solo

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Voy a ser padre

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Voy a ser padre.

Voy a tener un bebé.

Un hijo, cuya madre no quiere verme. Y no puedo reprochárselo. 

Me he portado como un cabrón con ella. Y me duele admitirlo, pero es la verdad. Siento que esto es exactamente lo que merezco: este nudo en la garganta, esta presión constante en el pecho, este cúmulo de sentimientos que me ahogan por dentro. 

¿Cómo he podido decirle todo lo que le dije? 

¿Cómo he podido soltar esas palabras? Si no las pensaba. Si no las sentía.

Soy un gilipollas. Como ella me dijo. Y lo peor es que tiene razón. He querido apartarla de mi lado para no hacerle daño... y al final le he hecho el peor daño posible. La he hecho sufrir. La imagen no se me va de la cabeza: su mirada rota mientras yo hablaba, sus ojos llenos de lágrimas, esas cayendo por sus mejillas por mi culpa. Por mí. No sé si voy a poder perdonarme esto en la vida.

Y encima, después de todo, me ha dicho que me quiere. Mi niña preciosa me ha dicho que me quiere. Con el corazón en la mano. Y yo... yo me he reído, de sus sentimientos, de ella. No sé en qué estaba pensando. No sé qué me pasa.

Intento respirar tranquilo, pero cada vez que vuelvo a ese momento siento una opresión en el pecho que no me deja. Esto es, sin duda, lo peor que he hecho en mi vida. Y se lo he hecho a la persona que siempre me ha tratado bien, que me ha querido sin condiciones, que me entregó su corazón desde el primer día sin pedirme nada a cambio.

Ahora solo puedo hacer lo que siempre me dice Maya: centrarme en lo importante. Y lo importante ahora es que María esté bien. Que no sufra más por mi culpa. Y que voy a ser padre. Y eso debería bastar para obligarme a cambiar de una vez.

Joder, estoy que no me lo creo. 

Y no puedo evitar sonreír. Es la única alegría que me he llevado hoy. Cuando nos lo ha dicho la doctora casi me da un ataque de la impresión. Claudia me agarró la mano con dulzura y lejos de estar enfadada me tranquilizó todo lo que pudo porque pensé que iba a desmayarme.

No tuve más remedio que contarles a sus padres que Maria y yo medio salíamos juntos. Claudia me miró fijamente y me dijo que en la vida podría haberse imaginado que su hija y yo tuviéramos algo. Y que bueno, que ahora teníamos que plantearnos  lo que queríamos hacer porque hay una personita en camino que nos va a necesitar a los dos. Marco ha sido otra cosa. Me miró con dureza y ni me habló en todo el rato.

Tengo tantas cosas en la cabeza que siento que me van a estallar. No soy capaz de ordenar nada, no soy capaz ni de pensar con claridad. Solo sé que necesito ir al único sitio donde todavía me siento a salvo.

Aparco el coche casi sin darme cuenta de cómo he llegado. Apago el motor y me quedo unos segundos quieto, con las manos temblando sobre el volante. Respiro demasiado rápido. Me bajo, camino hasta la puerta y llamo. Siento el corazón golpeándome en el pecho como si quisiera salirse.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora