15. Estaría Tardes Enteras Así Contigo

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Me fascinan los tatuajes de Mario; para mí son auténticas obras de arte

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Me fascinan los tatuajes de Mario; para mí son auténticas obras de arte. Como alguien a quien le apasiona pintar, no puedo evitar quedarme embobada con ellos. Deslizo los dedos lentamente sobre su piel y siento cómo se le eriza, cómo responde a mi contacto. Estoy tumbada boca abajo en su cama, con la espalda completamente descubierta.

Llevamos toda la tarde encerrados en su dormitorio. Si alguien me hubiera dicho alguna vez que terminaría aquí, en su cama, no lo habría creído. Ni siquiera en mis fantasías más atrevidas habría imaginado acabar así con él, desnuda y con el cuerpo todavía vibrando por tantos orgasmos. No quiero darle vueltas a nada más; sé que hacerlo solo conseguiría inquietarme, y no es lo que deseo ahora. 

Estoy demasiado bien tal y como estoy.

—¿Por qué te hiciste un dragón, María? —levanto la cabeza para mirarlo, sintiendo de nuevo esos intensos escalofríos en mi cuerpo, provocados porque sus dedos están acariciando mi espalda, deslizándose de una forma muy suave.

—Porque me encantan los dragones. Cuando estaba en el instituto siempre los pintaba. Veía cualquier serie o película en la que salieran. No sé, ¿nunca has estado obsesionado con algo?

—Sí, sí lo he estado —me responde con cierta melancolía en la voz—. Iba en serio cuando te dije que quería que me dibujaras algo.

—Si decides hacerte otro tatuaje, te lo puedo diseñar.

—No es mala idea, pecosa.

Me pongo erguida hasta acercarme a él. Mis manos se deslizan por sus mejillas, tirando hasta conseguir que su boca se estrelle con la mía. Me entretengo besando cada centímetro de su boca, deslizando mi lengua por cada rincón, como si quisiera aprendérmelo de memoria. 

Sus dedos aún siguen rozando mi espalda, apretándome el culo cuando los baja, arañando mi piel con sus uñas. El sonido de su móvil nos interrumpe. Mario no le hace ni caso y sigue besándome, importándole bien poco quien lo llame.

Pero cuando vuelve a sonar con insistencia, él gruñe molesto mientras mira la pantalla. El hecho de que aparezca el nombre de mi tía Maya en ella hace que lo anime a tomar la llamada.

—Cógelo. Por experiencia sé que no va a detenerse hasta que le contestes —le animo, haciéndole un gesto con la mano.

Mario atiende el teléfono recostado contra el cabecero, con el cuerpo relajado y despreocupado. Mientras habla con mi tía, no puedo evitar recrearme en lo increíblemente atractivo que está: la sábana se desliza perezosa sobre sus caderas, dejando al descubierto su pecho firme y perfectamente definido. 

Paso la mano por su piel, disfrutando del contraste entre el calor de su cuerpo y la suavidad de mis dedos. Voy descendiendo muy despacio, saboreando cada segundo, hasta rodear su pene, ya tenso y duro en mi mano. Mario se muerde el labio inferior, intentando contener una reacción que se le escapa, algo que me anima a mover mi mano con lentitud, subiendo y bajando sin prisas, marcando el ritmo. 

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora