Mario hermoso está cansado de que las mujeres lo utilicen. En su vida hace mucho tiempo que no hay sitio para el amor. Después de un matrimonio fallido, juró que jamás volvería a casarse y mucho menos entregarle su corazón a nadie. Aunque a la única...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Hasta que no la veo entrar en su coche y arrancar, no dejo de sonreír. Y aun cuando ella se ha marchado, sigo con esa sonrisa en el rostro. Es lo que ella me provoca. Joder, me hace sentir bien.
—Venga, dilo —le pido a Koke sin mirarlo, pues sé que está deseando opinar sobre lo que acaba de pasar.
—No voy a decirte nada. No hay más que ver tu cara —contesta riéndose. Me doy la vuelta para enfrentarlo. El cabrón está con las manos en los bolsillos, divirtiéndose a mi costa.
—¿Qué le pasa a mi cara?
—Tienes esa cara de cuando alguien te gusta mucho.
—¿Ah, sí?
—Niégamelo si quieres, pero María te gusta. Se te nota. Por lo menos yo, que te conozco, lo he percibido. Y a mí tú no me engañas.
—Lo que tú digas, Koke —le respondo rodando los ojos, mientras busco las llaves de mi coche para alejarme de él y de sus consejos.
—¿Te has acostado con ella?
—¿Y a ti qué te importa?
—Vale, lo has hecho. ¿Más de una vez?
Me callo y no le respondo. Koke es mi mejor amigo y me conoce más que nadie, y a veces no hace falta que le diga nada, porque él ya lo sabe, como ahora.
—Joder, ahora dime que no te gusta. Ya has roto una de tus normas con ella.
—He roto las tres, capi —le admito, dándome bastante igual haberlo hecho.
—¡Hostia puta! —dice golpeándome el hombro con su puño—. Pues entonces es que te gusta más de lo que yo pensaba.
—No te lo niego, Koke. Sí que me gusta María, y mucho. Ella es increíble. No se parece a ninguna tía con la que haya estado. A ninguna.
—Es cierto. Aunque tenga veinte años, es súper madura para su edad. El lunes nos acojonó a todos y se ha ganado el respeto de toda la plantilla. Me alegro por ti, muro. Ya iba siendo hora de que encontraras una mujer decente.
—Ya, pero no quiero forzar las cosas, Koke. Ya me conoces. No quiero hacer nada de lo que luego me arrepienta. Estoy muy unido a su familia y lo último que querría es hacerle daño.
—Pues no se lo hagas. Trátala como se merece. Al final acabarás enamorado de ella.
—¡No me hagas reír, capi! Nunca en mi vida he estado enamorado. Por eso lo veo muy difícil.
—Mario, cuando encuentras una mujer que hace que te plantees tu vida de otra manera, cuando deseas tenerla cerca a todas horas y cuando te hace sonreír aun sin estar con ella... créeme, eso es estar enamorado. Ya me lo dirás, amigo.
Pienso en las palabras de Koke mientras subo a mi coche y salgo de la Ciudad Deportiva. No puedo evitar reírme. El amor es una cursilada. Me encanta estar con María, pero de ahí a estar enamorado hay un abismo. Yo solo sé que ahora estoy a gusto con ella, y no solo por el sexo, que es absolutamente increíble. Es porque con ella soy yo mismo. Y hacía tanto tiempo que no me sentía así, que ahora lo único que quiero es que esta sensación no desaparezca.