10. No me gusta que me ignoren

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Aun puedo sentir el sabor de su boca en la mía

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Aun puedo sentir el sabor de su boca en la mía. Su lengua en mi cuerpo. Él encima de mi. Él detrás de mi.

Me estremezco al pensar en Mario, en todo lo que hicimos anoche, en lo que disfruté estando con él.

Adri tenía razón. Su plan funcionó, pero no completo, porque esta obsesión que tenía por Mario apenas ha desaparecido, al contrario, pues ahora que sé como es estar con él, quiero hacerlo de nuevo. 

Entro en la cocina todavía en pijama, pasadas las doce del mediodía. Bostezo. Tengo sueño. Mucho. La noche ha sido... movida. Me acosté tardísimo, con la cabeza aún llena de recuerdos de lo que hice con Mario hace solo unas horas.

Mi madre está sentada a la mesa con mis tías Maya y Naike, la mujer de Sergio Reguilón. En cuanto me ven, se ríen. Alguna sospecha que no he pasado precisamente una noche tranquila. Me acerco para besarlas a las dos, demorándome en un largo abrazo con mi madre, a quien paso mi mano por su barriga. 

—¡Buenos días, María! —me saluda Naike, elevando un poco su tono de voz. 

—Buenos días —respondo bostezando—. pero no me grites, tiita, que aún no soy persona. 

—¿Qué tal anoche? —pregunta mi madre mientras bebe café.

—Bien, supongo. Había una fiesta de la espuma —digo, sirviéndome un bol de cereales. Echo la leche y me siento al lado de mi tía Naike—. pasar un rato con los del Atlético fuera del trabajo no está nada mal. 

—¡Mamá! ¿Y mis botas de Adidas? —grita Lucas desde arriba, comenzando a sonar desesperado, pues en unas horas juega y como siempre, no está listo. 

—En el armario de la entrada —contesta mi madre, rodando los ojos.

—Ya he mirado y no están. Ayúdame, por favor.

Mi madre se levanta con un suspiro largo y sale de la cocina. Sigo desayunando ajena al drama de Lucas hasta que siento la mirada divertida de Naike sobre mi. Ella me aparta un mechón de pelo de la oreja y me lo acaba dejando caer sobre el rostro. 

—Anoche te lo pasaste muy bien —dice sonriendo, dejando el resto de palabras en suspenso. 

—Pss... lo normal —contesto sin dejar de comer.

—Deberías taparte el chupetón del cuello, cariño. O a tu padre le va a dar algo si lo ve.

Me llevo la mano al cuello, horrorizada. Anoche me acosté en cuanto llegué y esta mañana no he sido capaz ni de mirarme al espejo. 

—¿Tengo un chupetón? ¿O te estás quedando conmigo? —pregunto, nerviosa intentando esconder algo que al parecer es muy obvio para mis tías. 

—Lo tienes —dice Naike, acariciándome el pelo.

—Oh, dios. Oh, dios...

Me levanto de golpe, cojo el bol con la cuchara y me voy directa a mi habitación. Dejo el desayuno en el escritorio y corro al baño. En el espejo lo veo claro: un chupetón enorme en el cuello. Gimo y me tapo la cara con las manos.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora