50. La Primera

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Yo, que siempre intento aparentar serenidad y transmitir calma, soy en realidad la que está más nerviosa

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Yo, que siempre intento aparentar serenidad y transmitir calma, soy en realidad la que está más nerviosa. Queda apenas media hora para que empiece el partido y el estadio está completamente lleno.

Los titulares ya han salido al césped y calientan con gesto concentrado. Incluso Saúl, que normalmente no deja pasar la oportunidad de hacer una broma, hoy se muestra serio.

Yo también estoy sobre el terreno de juego. Hace un momento me acerqué para ver cómo estaban Maya y los niños. Todos llevan la camiseta del Atlético, concretamente la de Mario. Los chicos de San Blas están junto a ellos, también vestidos con la rojiblanca.

La música suena por los altavoces y anuncian que, antes del inicio, habrá una actuación. Acaricio mi vientre y dejo escapar un suspiro, incapaz de disimular los nervios.

—Los niños nos van a traer suerte, lo presiento —me dice el Cholo, poniéndose a mi lado mientras le da un ligero vistazo a mi barriga.

—Su padre dice lo mismo —respondo, tomando una larga bocanada de aire mientras cruzo los brazos a la altura del estómago.

—Bueno, ya sabes el refrán que dicen: "algunos vienen con un pan debajo del brazo" y otros con una Champions.

—Eso mismo dijo Mario. Al final va a ser verdad.

—Esperemos que ellos traigan la primera —Diego me abraza sonriendo y yo suspiro.

—¿Te puedes creer que estoy más nerviosa que cuando mi padre jugaba?

—Me lo creo. Me ocurre lo mismo —Diego se da la vuelta para meterse en el túnel, no sin antes dirigirse a mí—. Dile a Nelson que se vayan ya para adentro.

Asiento y me acerco un poco más al césped. Le hago una seña a Nelson y él, enseguida, llama a los jugadores para que vayan terminando el calentamiento.

Me quedo observando el campo, mordiéndome el labio con inquietud. Hoy podemos hacer historia. Nos la hemos ganado.

Suelto otro suspiro y pongo rumbo al túnel de vestuarios. Entonces Koke me alcanza y deja caer los brazos sobre mis hombros.

—¿Cómo están los mini-Hermoso? —pregunta mientras entramos en el vestuario.

—Están bien. Mucho más tranquilos que su madre.

—Bueno, si ganamos, lo mismo les da por manifestarse.

Le devuelvo la sonrisa y entramos en el vestuario. Me quedo en una esquina, en silencio. El míster va a dar la última charla antes de salir.

Mario entra, se acerca a mí y me deja un beso en la mejilla antes de ocupar su sitio.

—¿Estás bien? —pregunta con bastante seriedad en el rostro. Desde esta mañana está así: concentrado, serio.

—Sí, ¿y tú?

—Deseando que termine el partido.

—Si aún no ha empezado, Mario...

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora