54. El regreso

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Julio

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Julio

Estoy más nervioso de lo que pensaba.

No debería.

Pero no lo puedo evitar. Llevo la mano al pañuelo que llevo en el bolsillo del pecho, ajustándomelo bien para que no se arrugue. María toma mi mano, ofreciéndome una pequeña sonrisa, a la vez que aparta mis dedos para que deje de toquetear el dichoso pañuelo.

—Estás muy guapo con el traje. El negro siempre te favorece mucho. Y el toque del pañuelo... joder, Mario, estás irresistible así —me susurra bien cerca de mí, sonriéndome con picardía—. Luego, cuando lleguemos a casa, te ayudo a quitártelo prenda por prenda.

—Siempre pensando en lo mismo, mujer. Me siento como un objeto —le contesto, haciéndome el indignado. María rueda los ojos y forma también una mueca en sus labios.

—Bueno, amor, no te quejabas tanto cuando en casa me dijiste que estabas muy nervioso y que necesitabas que te tranquilizara.

—Te has aprovechado de mi estado para montarte encima de mí. Yo solo quería que me hablaras o me distrajeras con cualquier cosa.

—Eso he hecho. ¿Alguna queja más?

—Ninguna.

La sujeto de la cintura. Mi mirada se demora en la suya, mientras mis manos se pierden en su culo, el cual aprieto a mi antojo, arrancándole un buen gemido que destroza mi paz mental. Porque adoro cuando ella jadea de esta manera.

—Tú que conoces mejor esto que yo, busca un lugar tranquilo donde poder celebrar los dos solos este día —le hablo inclinándome un poco, hasta rozar casi sus labios con los míos.

—¿Quieres follar aquí?

—Sí... qué mejor forma de empezar una nueva etapa de mi vida.

María niega con la cabeza para acabar riéndose después. La atraigo hacia mi cuerpo para poder sostenerla y calmarme, pues aún sigo nervioso.

Escuchamos pasos que se acercan. La separo solo un poco de mí, a la vez que el jefe de prensa de mi nuevo club llama nuestra atención con una amable sonrisa.

—Mario, cuando queráis —nos pide a ambos. Asiento y lo sigo, mientras busco la mirada de mi mujer.

—No estés nervioso. Todo va a salir bien.

María me da un beso y salimos de la habitación de la mano para dirigirnos a la sala donde se celebrará mi presentación. El escudo del Real Madrid domina el espacio y un escalofrío me recorre el cuerpo. Estoy nervioso, no puedo evitarlo.

La sala está llena. Ha venido toda mi familia, mi verdadera familia: Marcos, Maya, Tamara, Marcos Jr. y Ángela; Claudia con el pequeño Marco; incluso Sergio Reguilón, acompañado de su mujer y sus dos hijos mayores.

—Hay mucha gente —le susurro a María, tirándome del cuello de la camisa.

—Todos quieren darte su apoyo hoy.

No logro olvidarme de tu boca (Cross 5)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora